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Semana Negra
29.08.07 -
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TODAVÍA recuerdo las palabras del presidente del Principado de Asturias y del recién estrenado concejal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón durante los actos de clausura de la vigésima edición de la Semana Negra, el pasado mes de julio. En aquel acto quedó clara una cosa. Ni las sentencias judiciales ni las protestas de determinas opciones políticas, ni las críticas de algunas comunidades vecinales, iban a poder con este acontecimiento cultural que anualmente reúne en la ciudad de Gijón a autores, editores, libreros, críticos literarios, periodistas, ilustradores y cineastas de dentro y fuera de nuestro país.

Semana Negra es algo más que un simple festival cultural que lleva celebrándose durante dos decenios seguidos con un éxito abrumador. Ahora, siguiendo las palabras de su alma mater, Paco Ignacio Taibo II (en adelante, PIT II), quizás sería interesante realizar un ejercicio de autocrítica con el fin de corregir errores, mejorar las deficiencias y mimar aquello que funciona. Pero lo que nadie se cuestiona, lo que a nadie se le pasa por la cabeza es su posible desaparición o su exportación a otra comunidad autónoma.

Sí es cierto que el cumplimiento de la famosa y controvertida sentencia judicial supone un replanteamiento de la situación, y un análisis concienzudo y serio del futuro más inmediato y también más lejano de este festival único en su idiosincrasia. Pero ello no significa que se tenga que iniciar una campaña de acoso y derribo, como empezó cierta institución asturiana.

Me consta que PIT II ya se ha sentado con los máximos próceres municipales y autonómicos con el fin de buscar una solución agradable y fácil para todos. Hay que buscar una ubicación que sea cómoda, accesible desde todos los puntos de la ciudad, bien dotada de infraestructuras aledañas y, sobre todo, espaciosa, porque una superficie de cerca de ochenta y cinco mil metros cuadrados no es fácil de encontrar.

Así las cosas, es de sentido común que desde el propio Ayuntamiento se busquen alternativas: el campus universitario, Poniente, y otras. Pero sólo se trata de eso, alternativas. Antes de adoptar una decisión, hay que realizar un minucioso estudio a diferentes niveles, para comprobar la viabilidad de un proyecto de estas características. Por eso, no entiendo las críticas desmesuradas y desproporcionadas que se han escupido desde diferentes estamentos universitarios, ni tampoco se conciben las críticas de la asociación de vecinos de Poniente. Nadie, ni Ayuntamiento ni Principado ni la propia organización han decidido nada. Únicamente se trata de alternativas, propuestas a estudiar y ver cuál es la mejor o, en su defecto, continuar buscando soluciones. Por tanto, ¿a cuento de qué viene cierto artículo de opinión de cierto catedrático de Química de la Universidad de Oviedo, ni las trasnochadas declaraciones de Santos González, rector en funciones? Ellos mismos se han definido y, lo más grave, han dejado patente su voluntad de trabajar por Asturias. Si bien es cierto que, en esa época del año, la actividad universitaria no ha finalizado, lo mejor en estos casos es unir fuerzas, nunca dividir. Aunque la proximidad del Hospital de Cabueñes pueden plantear ciertas incógnitas. Pero, insisto, estamos hablando exclusivamente de propuestas. Por favor, que nadie se mire al ombligo. Miremos el bien común, que es lo importante. Como autor de novela negra, considero que Semana Negra es un festival que, por sus peculiares características, está condenado a sobrevivir, al menos, otros veinte años. Junto a BCN Negra, es el encuentro por antonomasia del género literario dentro y fuera de las fronteras españolas. En la Semana Negra nadie se siente extraño. Nadie habla de récord de ventas de libros, ni de premios apañaos, ni de negros. Y si se habla es para decir las cosas por su nombre y poner al personal en su sitio, que buena falta hace, ¿verdad?

Las cifras de Semana Negra hablan por sí solas. Más de un millón de visitantes y cerca de doscientos autores invitados a diferentes actos es más que suficiente para mantener vivo este festival único en Europa. No cabe duda que la idea de PIT II es todo un éxito. «El churro y el libro» se ha convertido en un referente internacional.

Como gijonés de adopción, he de reconocer que es una inversión ideal para la ciudad porque si cualquier festival de estas características supone una importante entrada de ingresos a la ciudad, un festival multicultural de resonancia internacional no digamos nada los beneficios que origina. Por tanto, debemos ser serios y honestos. En una época en la que la tierra de don Pelayo padece la enfermedad de los virreinatos, considero que Semana Negra debe unir antes que separar y dividir. Recientemente, leí en la versión digital de EL COMERCIO las críticas de una gijonesa ante las estúpidas diferencias entre Oviedo y Gijón. Dicha censura, aunque breve, podría expandirse al tema que nos ocupa. En vez de procurar el bien común de nuestro Principado, nos dedicamos a defender nuestro territorio particular, convirtiéndonos en taifas. Eso ni es saludable, ni solidario, ni honesto. ¿Por qué no nos dejamos de estupideces y arrimamos el hombro para trabajar por y para Asturias? Claro que igual es más beneficioso eso de 'divide y vencerás'. Pero con Semana Negra van dados

En vez de protestar y criticar su ubicación, sería más sano y produciría menos dolores de cabeza si colaboramos, si aportásemos nuestro pequeño grano de arena. Que los señores catedráticos se pronuncien tan ruinmente, de entrada, produce pena. Por eso, lo mejor es obviarlos, y seguir trabajando como si no existieran.

Las asociaciones vecinales deben entender que la celebración de Semana Negra tiene carácter anual; sólo son diez días, y durante el mes de julio, época estival. Si bien es cierto que se deben vigilar los horarios, también es verdad que al tratarse de plena época veraniega, todo resulta más liviano y más permisivo. Repito, estamos hablando de diez días al año, sea en Poniente o en dónde quiera que finalmente se busque una ubicación.

No obstante, yo les preguntaría si prefieren que su ciudad se oiga más allá de las fronteras con el consiguiente aumento de beneficios o, por el contrario, resultaría más provechoso que nadie hablara de la antigua Gigia, ni nadie fuera de España la considerase la capital de la literatura negra, con todos los beneficios que ello reporta. Como decía antes, Semana Negra no puede sucumbir porque un grupo de trasnochados artríticos se empeñen en ello.

Muchos son también, por otra parte, los lectores que se merecen un respeto, y que esta cita anual les sirve como lugar de encuentro con sus autores favoritos.

Arrimemos el hombro, rompamos nuestras particulares fronteras feudales y trabajemos por el bien común de esta ciudad cuyo aroma a sidrina y oricios se exporta a medio mundo. Trabajar por Gijón, igual que trabajar por Oviedo, Avilés, o cualquier otra localidad asturiana, en el fondo, supone beneficio para Asturias, que es lo que debe primar en el corazón y en la cabeza de todos los que vivimos en esta tierra tan bella como verde.
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