
La escuela que el director del 'Expreso de medianoche' convirtió en leyenda a pantalla grande, y que la televisión estiró en mito hasta lo imposible, viaja ahora a la tramoya del teatro que soñaron el imponente negro Leroy Johnson y sus compañeros de película. Y viaja con el mismo nombre, 'Fama', pero con distintas identidades, pues los estudiantes son otros (por cuestiones de propiedad intelectual).
Bajo la dirección artística de Ramón Ribalta y la musical de Oleguer Alguersuari, los aspirantes a artistas reclutados en un maratoniano casting madrileño para emular en español a quienes al otro lado del charco se comprometieron a dedicar cuatro años de su vida a la música y el baile, llegan a Gijón. 'Fama' se estrena mañana y permanecerá en cartel durante cuatro días, hasta el dos de setiembre.
Algo más que sueños
El montaje, que trata de ser fiel con el espíritu del famoso título de cine y con la serie televisiva que en su día mantuvo el alma de la historia, no es sólo el relato del necesario esfuerzo para conseguir un sueño. Lo que 'Fama' saca de las candilejas es la juventud en estado puro, tratando de bucear en sus problemas y sus virtudes. La identidad, el amor, la ambición, la cultura, el sexo, las drogas, la voluntad, la amistad, la confianza, la decepción, la superación, la rendición.... Todo está en este musical con aparente intención ociosa.
Al menos ese ha sido el reto que se plantearon Ribalta y Alguersuari al tomar las riendas del proyecto que en 1981 se llevaba dos Oscar de la academia del cine (mejor banda sonora, de Michael Gore, y mejor canción de Gore y Dean Pitchford, pero había sido nominada a otros cuatro). Con guión de José Fernández sobre la idea de David de la Riva, encargado de rescatar las esencias neoyorquinas y hacerlas algo más de aquí, el musical ahora también español lleva girando por escenarios nacionales desde enero del año pasado en que fue estrenado en el teatro Calderón de Madrid, con lleno absoluto.
Desde entonces los chicos de 'Fama' no han parado. La última cita antes de esta de Gijón, en la que la inolvidable canción que da título al espectáculo vuelve a sonar, demostrando que «está destinada a tener vida para siempre», fue Fuengirola. En el Palacio de la Paz estuvieron hasta el sábado. Mientras todo se prepara en el Jovellanos ellos viajan con las zapatillas en los hombros. Mañana comienza, de nuevo el espectáculo que, por cierto, no es un fenómeno nacional. 'Fama' en versión teatral se está representando en todos los continentes.
Todas las lenguas para contar «es una historia agridulce, pero definitiva», dicen sus responsables. Inspirada en un variado grupo de jóvenes de diferentes culturas, razas y procedencias, que vuelcan todo el entusiasmo en un fuerte programa de trabajo artístico y académico, el nuevo 'Fama' ha necesitado una labor de selección que en su día llamó tanto la atención como el propio montaje.
Había que encontrar no sólo actores y cantantes, sino también bailarines e instrumentistas. Todos dispuestos a poner cuerpo y energía a implacables repertorios musicales. Todos dispuestos a lograr la fama. Eso sí la fama que cuesta, no la que se regala.





