
Las excavaciones de esta temporada tienen su foco de atención en el interior de la sima, en el lugar conocido como la galería del osario. A 250 metros de la entrada de la cueva y a 14 metros de profundidad se encuentra uno de los yacimientos de fósiles de neandertal más importantes del mundo. En ese lugar, más húmedo de lo habitual por el verano lluvioso, trabajaban ayer seis de los once arqueólogos del equipo. Divididos en tres equipos de 'sondeos', Lucía y Elsa, Javi y Aurora y Araceli y Zorione removían la arcilla en busca de nuevos restos. «La rutina de trabajo es prácticamente la misma que la temporada pasada», decía Javi uno de los veteranos. Los fósiles de la cueva del Sidrón se incorporaron el pasado año al proyecto 'Genoma Neandertal' que se desarrolla en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva junto a científicos estadounidenses de la compañía 454 Life Sciences. Este hecho ha obligado a los arqueólogos a extremar las medidas de protección para evitar la contaminación del ADN.
Desvelar cómo cazaba, cómo comían o los motivos de la desaparición de los neandertales es un trabajo que comienza rodilla en tierra limpiando con un pincel cada una de las cuadrículas, de uno por un metro cuadrado, en las que los arqueólogos dividen el terreno. Cubos y cubos de lo que para ojos profanos no son más que paladas de tierra y arcilla se convierten, tras varios lavados en el interior de la cueva y un par de cribas en la batea, en memoria indeleble de la Tierra.
En una mesa sobre varios periódicos numerados con la cuadrícula de procedencia -E-10, D8...- se mostraba el resultado del segundo día. Por ahora sólo pequeños huesos de roedores, trozos de sílex y malacofauna (conchas de gasterópodos). «La mayoría de estos hallazgos no tienen valor arqueológico y se tiran», señalaba David a la espera de un análisis más exhaustivo del profesor Fortea.
Con todo detalle, cada uno de los componentes de la expedición registra en un diario su jornada en el interior del Sidrón. «Limpieza de corte, no aparece nada en la criba, derrumbe corte superior...», frases como estas se leían ayer en el diario de Javi tras el segunda día en la sima.
Las ocho horas de trabajo en jornadas de mañana y tarde de los once arqueólogos acumularán suficiente material «para investigar durante todo el año y años venideros», comentaban. Algunos de los restos que salgan este mes de setiembre de la cueva piloñesa constituirán un nuevo eslabón en la cadena del conocimiento sobre el origen del hombre.





