Habló ayer Solbes con esa ecuanimidad que tanto recelo produce al Gobierno del que forma parte, y ni alentó el optimismo económico, que no es el momento de sentirse especialmente optimistas, ni acongojó al país con un diseño pesimista de la actualidad y del inmediato futuro. No ocultó, sin embargo, la evidencia de que hace dos meses el futuro aparecía glorioso, con un cierre macroeconómico triunfal del año en curso, y un 2008 de muy bueno a simplemente bueno. Pero ahora tenemos «muchas más incertidumbres». Y es que en la economía española, como en todas las nacionales, influye cada vez de forma más decisiva la evolución de la economía mundial, por un lado, y de la europea en la que estamos, por otro, más nuestros propios factores de signo positivo o adverso. Así y todo, Solbes no ve en el panorama global nada que pueda dar la razón a Rajoy en sus afirmaciones temerariamente proféticas, añadiendo, tal vez como un brindis al presidente Zapatero, que Rajoy parece alegrarse de que las cosas vayan mal. Y es posible que no estemos ante un cambio de ciclo económico sino en una situación que aconseja realizar predicciones con ligera tendencia a la baja. Sobre el 2008, aventura Solbes que la economía española podrá crecer en torno a un 3%, lo que estaría muy bien.
Conviene añadir que faltan seis meses para elecciones, y que si sólo faltasen tres semanas, a Solbes le habrían puesto esparadrapo en los labios los dirigentes de la campaña electoral socialista, porque la política no se mueve tanto por evidencias como por ciertas fabulaciones.





