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AL AIRE
Pareja
08.09.07 -
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SABIDO es que no son buenos tiempos para la lírica en general, mas aún lo son peores para la mala poesía lírica. Fácil deducción ésta cuando uno conoce al bardo Monchu el Liras y al cantante Pixín el Rapero y es sabedor de que sólo los contratan en la Asociación de Masocas Asturianos (AMA), o bien ofrecen sus servicios poéticos en chigres a cambio de alguna consumición.

Poco antes del estío que se nos va después de haber permanecido tan poco entre nosotros, ambos personajes trabajaron al alimón y 'alanaranja' por mor de lograr una canción del verano que mitigara su precariedad pecuniaria. El primero de los mentados compuso la letra, a la que el segundo puso una música pegadiza, pringosa y chabacana que, afortunadamente, no les puedo reproducir. Pero de la letra no se libran ustedes:

«Bebo sin vivir en mí, / sin ningún tino o razón / pues lo hago porque sí / y le atizo al botellón.

Borrachera, melopea, / lo que se bebe se mea. / Trompa, curda, papalina.../¿Me llevaréis a la ruina!

Beodo más que borracho, / pues cuando llego al empacho / me pasa que 'beo doble'... / ¿Ah, qué vicio más innoble!

En mi naufragio vital / suelo agarrarme a un tablón, / mas la resaca mortal / no es ninguna solución.

Soy una auténtica esponja / que sobrevivir procura. / Si mi mal no tiene cura.../¿qué me traigan una monja!...».

Como intuyo que no pocos lectores habrán abandonado ya la lectura de tamaño dislate poético, dejo rápidamente la transcripción del mismo para comentar que, por fortuna, el letrista Monchu atraviesa por un período de sequía inspirativa en el que las musas olímpicas vuelven a pasar olímpicamente de él y lo han dejado a solas con un estro que sólo le permite ejercer como rapsoda. Por ejemplo, en una composición titulada precisamente 'Soledades':

«...Boguemos como el aire sobre la espuma, / volemos como el viento que va perdido, / y rompiendo anhelantes la densa bruma, / busquemos otro mundo desconocido...».

Por cierto, que el último recital ofrecido por ambos en la sede de la AMA constituyó un notable éxito, o al menos así lo expresaban los rostros felices de los asistentes. Claro que, como comentó uno de ellos, «quizás influyeran más los pinchos de los oricios congelados que nos íbamos introduciendo entre las uñas».
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