La cueva se encuentra en el corazón del concejo de Piloña, en la parroquia de Borines y en las cercanías de Cadanes, Vallobal y Viyao. La forma más fácil de acceder a la gruta es desde el pueblo de Cadanes, a unos diez kilómetros de Infiesto. Desde hace siglos, varias entradas permiten acceder a una oquedad con más de tres kilómetros de galerías, algunas de ellas apenas exploradas. Habitual refugio de vecinos y guerrilleros durante la guerra civil española, en una de sus entradas encontró la muerte en un bombardeo Olvido Otero, una vecina de Cadanes que llevaba comida a su madre Marcela, oculta en el interior de la gruta. Su familia decidió enterrarla en ese mismo lugar y su tumba da nombre a la entrada principal.
Tras dejarse engullir por la tierra en un agujero en el suelo, desde la llamada Tumba, se accede a la galería principal, conocida como la galería del Río. Distintas filtraciones alimentan una corriente de agua por el interior de la cueva, lo que da nombre al lugar. A unos 250 metros de la entrada de la Tumba, se abre al fin la galería del Osario. Una estancia en la que, allá por 1994, unos excursionistas que realizaban el habitual paso a través de la cueva se encontraron con unos restos humanos casi en superficie.
En un principio se pensó que se trataba de restos de la guerra civil por lo que los excursionistas alertaron a la Guardia Civil. Los primeros análisis arrojaron la primera sorpresa al determinar que podría tratarse de restos mucho más antiguos de lo que todos hasta ese momento imaginaban.
La datación definitiva, tras varias confusiones iniciales, quedó fijada en la última época de los neandertales, hace unos 40.000 años. La cueva atesora además una pequeña galería con signos pintados en sus paredes y es rica en diferentes especies de querópteros: cinco especies de pequeños murciélagos que son sus moradores habituales. Allí se descubrieron también dos nuevas especies de coleópteros. Además, se trata de la oquedad más grande de Asturias sobre calizas no carboníferas. Un lugar recóndito con cientos de riquezas en su interior.
Nuevos objetivos
Pero también en su exterior podría saltar la sorpresa. A unos 500 metros de la entrada, cerca de la única casa que hay en las inmediaciones, se encuentra el abrigo rocoso de La Cabañina. Durante las últimas excavaciones, el equipo de Javier Fortea y Marcos de La Rasilla, trató en vano de descubrir si aquél podría haber sido el lugar en el que habitaban los neandertales cuyos restos aparecieron en el interior de la cueva.
Quizás en un futuro próximo ese sea el punto que, además de cómo eran, permita saber a los científicos cómo vivían y a qué se dedicaba aquel hombre del Sidrón.





