Unen, a su peculiar idiosincrasia, rasgos carismáticos e incluso algunos de ellos la de un cansancio permanente hacia el trabajo, amparados en rentas anuales sin menoscabo de la inflación o en la misteriosa ayuda de algún ángel tutelar, o el saber estar y su ser dicharachero, suave bromista de toma y daca, amiguín de sus amigos y espléndido hasta dar vuelta al bolsillo, para luego dejarse llevar hasta el filo de la madrugada en volandas de vino y risas.
Algunos de ellos fueron la presumida Perala o el Máquina, infeliz en su paupérrima indigencia; otros, como 'Alambique', idos al cielo en vapores químicos. La nómina de estas 'rara avis' que, como las merluzas del pinchu, les andariques y todo aquello que se escapa a la vulgaridad, es la que es, corta, y algunos suelen ser escogida amistad por su relevancia, pues sirve en ocasiones de presunción para quienes tan sólo los han conocido de oídas, pero que, integrados en el espíritu del gijonismo, cuentan el anecdotario con todo lujo y precisión de detalles, divulgando los hechos tal cual, como si los hubieran vivido.
Todos gozan del respeto y admiración y, entre otros, Ñolé, Garciona, Casiano y el gran Quini, pichichi donde los 'aiga', carismático desde su juvenil entrada en El Molinón, que transcenderá tras su último gol. Entes de ficción, también a veces adquieren categoría humana y permanecen en la memoria, como ocurre con tantos y tantos dichos de aquel marineru de bajura socarrón en tierra firme, El Gaviotu.
Pero hubo uno, «Manquen, yes empresariu», que armó la marimorena en el Dindurra, en fecha de imposible hemeroteca, y que un día, mira por dónde, me cuentan que en el teatro Jofre del Ferrol ocurrió tal cual, pero en castizo gallego.
Desde entonces, salvo acto de fe o demostración fehaciente, ambos paisanos, apócrifos sin fecha.





