
El pasado martes la menor guardó ropa en una bolsa y salió de su casa de El Llano. Lo hizo sin su teléfono móvil y con el propósito de no regresar. La desesperación de su progenitora, Lorena G. B. se hizo patente en la petición pública de ayuda que hizo el domingo a través de las páginas de EL COMERCIO. Ayer, aún en estado de nerviosismo, daba las gracias por el feliz desenlace. «Ha venido, ha venido, gracias a Dios», repetía. La mujer recibió la esperada visita de Z. J. J. G. en torno a la una del mediodía. «Es la alegría más grande de toda mi vida», resumió.
Pero la aventura adolescente puede acarrear consecuencias indeseables para Lorena G. B. El Servicio de Atención a la Familia (SAF) de la Policía Nacional realizará un seguimiento sobre el estado de la menor y de su relación familiar, del que se informará pertinentemente al Fiscal de Menores del Tribunal Superior de Justicia de Asturias. «Deberá estudiarse el caso concreto y ver si la niña está mejor en un centro de acogida. Para decidirlo habrá que estudiar el asunto en particular y comprobar todos los condicionantes», explicaron fuentes policiales.
La de la pasada semana no era la primera fuga de la menor. Durante el mes de julio su madre comunicó al Cuerpo Nacional de Policía que su hija de 13 años faltaba de su domicilio. Una dotación policial la encontró dos días más tarde en Begoña, en compañía de varios amigos.
Lorena G. B. critica duramente las compañías que frecuenta su hija. «Va con chicos mayores que ella, de nacionalidades latinoamericanas. Además, como está físicamente muy desarrollada, parece que es mayor de 13 años», apunta.
La adolescente tuvo una infancia difícil. Su padre era alcohólico y falleció cuando ella sólo tenía dos años. La siguiente pareja de su madre, y padre biológico de sus tres hermanastros, permanece en prisión y sometió a Lorena G. B.- según ella misma cuenta- a continuos malos tratos que presenciaba la niña. Por este motivo, Z. J. J. G. se fue a vivir seis meses a Barcelona a casa de una tía.
Ahora, y tras el regreso a su domicilio, la madre de la menor prevé que la niña comience el curso escolar en un centro educativo de Pumarín, «distinto al Instituto Fernández Vallín, donde comenzó a relacionarse con gente que no le convenía y de la que no quiero ni oir hablar».
Buen estado de salud
Los agentes encargados de la investigación determinaron que la niña no había sido víctima de ningún acto ilícito penal y que se encuentra en buen estado de salud. En la declaración que efectuó ayer la niña en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, manifestó que estaba «arrepentida» de todo lo que había hecho, y alegó «haber estado en compañía de varios amigos» cuya identidad está siendo investigada por la Policía.
Su madre considera que «alguien le estuvo dando cobijo en su casa durante todos estos días, indiferente al sufrimiento y al dolor de su familia y sin saber realmente a lo que podía enfrentarse». Z. J. J. G. regresó ayer a su habitación, donde le esperaban sus muñecos de peluche, sus minifaldas y su música de 'regetton'.





