
En menos de veinte días, cuatro socios de ambos cotos fueron sorprendidos en presuntas actividades cinegéticas nocturnas e ilegales.
En la madrugada del pasado martes, el servicio de la guardería del coto de La Parraguesa y una patrulla de la Guardia Civil iniciaron un denuncia contra dos vecinos de Llames de Parres: A. G. F., de 44 años, y A. E. C., de 38, por presunta caza furtiva. Ambos fueron sorprendidos en el monte cerca de las tres de la mañana y salieron huyendo de la espesura. Allí dejaron el coche, propiedad de uno de ellos, con las llaves puestas en el contacto. En el registro del vehículo por la Guardia Civil se encontró un potente foco con batería, la funda de un rifle, una caja con 16 balas del calibre 300 y varias bolsas para guardar carne. Uno de los sospechosos es propietario de un rifle del calibre 300.
Hacía meses que los vigilantes del coto acechaban a los supuestos furtivos, que estaban actuando en el lote cinegético de Fondrigones. Uno de los sospechosos fue localizado en el pueblo a las cuatro de la mañana y negó su participación en los hechos. La guardería explicó ayer que no tenían objetivos definidos porque «lo mismo les servía disparar sobre corzos, venados o jabalíes».
Dos semanas antes, en concreto la noche del día 15 de agosto, los guardas del coto de Llanes y miembros de la Guardia Civil sorprendían a altas horas de la noche en el lote del Barracón, perteneciente a la parroquia de Ardisana, a otros dos presuntos furtivos: J. J. D., de 51 años, y M. J. B., de 45. Iban acompañados por un joven de 19 años, hijo de uno de los supuestos cazadores ilegales.
En este caso, al verse sorprendidos, «arrojaron por la ventanilla del coche un rifle cargado del calibre 22», que más tarde apareció en un matorral cercano. Los denunciados alegaron que el arma no era de ellos y además carece de documentación. Afirmaron que estaban en aquel paraje y a aquellas horas buscando un perro. En su poder tenían un potente foco y también fueron denunciados.





