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Javi Villa ensordece las calles de Oviedo
El piloto colungués tomó el centro de la ciudad con una espectacular exhibición ante 250.000 aficionados, que no ahorraron medios para volcarse con el asturiano de GP2

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JOYA DE LA CORONA. Javi Villa cruza una calle de Oviedo al volante de su Dallara, el monoplaza con el que compite en la GP2 Series. / M. ROJAS
Justo un minuto después de finalizar la exhibición, la Policía Local lanzaba sus primeros cálculos sobre la asistencia: 250.000 personas, una cifra algo exagerada para los presentes. En cualquier caso, algo sí ha cambiado en la vida de Javier Villa. Desde entonces a ahora, la figura del aspirante se ha convertido en la silueta de una estrella en ciernes, un piloto de un mundo reservado para muy pocos, las GP2 Series. Pocas vidas han cambiado tanto en tan poco tiempo. Y lo más esperanzador de todo es que su precocidad permite creer que su palmarés seguirá engordando en el futuro más próximo.

Porque la alegría se desató ayer en su patrón Alfonso de Orleans, en su equipo Racing Engineering, en sus padres que le acompañan siempre, en su preparador físico, en todos. También en su pueblo Loroñe y en la pista de kárting en la que vive en Soto de Dueñas. En su exitosa carrera por la reconocida como serie B de la F-1, Javier Villa hizo ayer escala en Oviedo para sumergirse en una marea con olor a gasolina que adquiere claros indicios de convertirse en un maremoto, a semejanza de la del también asturiano Fernando Alonso. El piloto colungués tomó la capital para deleite de unos seguidores, ya amplios conocedores de las lides del automovilismo de competición, que no ahorraron medios para desplegar loas a este piloto, benjamín de la categoría, pero con tres victorias ya en su zurrón.

Las plazas de la Escandalera y de América, la calle de Toreno y la avenida de Santa Cruz se convirtieron en la tarde de ayer en un pequeño circuito que sirvió para que Asturias recibiese calurosamente a Villa. El piloto de Racing Engineering, a sus 19 años, fue la gran estrella de la exhibición organizada por la empresa XRTM, en colaboración con el Ayuntamiento de Oviedo, el Principado de Asturias y las federaciones asturiana y española de automovilismo, alrededor del campo de San Francisco. Sus casi veinte vueltas hicieron vibrar a todos aquellos, que fueron muchos, que se dieron cita en primera persona para ver el acontecimiento.

El primer contacto del colungués con los aficionados no se hizo esperar. El piloto compensó la espera de muchos -la gente empezó a ocupar sus lugares tras las vallas desde primera hora de la tarde- con un paseo de reconocimiento al volante de un BMW descapotable. El pupilo de Alfonso de Orleans, acompañado por los presidentes de las Federaciones española y asturiana, completó la primera vuelta al trazado con una sola mano en el volante, respondiendo a los saludos con su mano derecha, haciendo presagiar a los asistentes que el verdadero espectáculo todavía estaba por llegar. El olor de goma quemada introdujo, definitivamente, al público en la fiesta.

Los escasos espacios que aún quedaban por cubrir tras las dos barreras de protección se habían ido completando. Los menos madrugadores se encaramaban a los coches o a los árboles del parque de San Francisco en busca de una mejor visión. Y los balcones de los edificios que delimitaban el circuito ya estaban abarrotados de gente.

Cuatro vehículos

La ciudad presenció un espectáculo único. Pese a que no era oro todo lo que relucía -cierre de calles y un ensordecedor ruido, superior a los cien decibelios-, Javier Villa se dio un baño de masas impresionante. Después del calentamiento, apareció montado en un kart, uno de sus primeros vehículos, de apenas 55 caballos. Primeras dosis de histeria, redoble de bocinazos. Después, el Fórmula Junior, el que el programa Racing for Spain puso en sus manos en 2003. Palabras ya mayores. 140 caballos y 1.600 centímetros cúbicos. A continuación, las cinco pantallas gigantes instaladas a lo largo del recorrido enfocaron el Fórmula-3. Un monoplaza de 2.000 centímetros cúbicos y 200 caballos.

El público vibró con Villa, calle arriba, calle abajo. El asturiano dio casi 20 vueltas y las adornó con derrapajes, que excitaron a la de por sí excitable audiencia. Cuanto más humo, cuantas más chispas, cuanto más ruido había, más gritaba la gente. Más aún, cuando se bajó del coche y tomó su monoplaza de las GP2 Series. Fue la primera vez para muchos en que se pudo ver tan de cerca el Dallara número 14, el mismo que rodó el pasado fin de semana en el mítico circuito belga de Spa. Algo retocado, por el irregular asfalto, pero en esencia el mismo. Un monstruo de 585 kilos capaz de rebasar los 300 kilómetros por hora. Aunque ayer se quedó en los 200. Y, de cierre, un auténtico 'pit stop', o sea un cambio de neumáticos. Un cierre de oro.
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