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El vestíbulo de Tito Bustillo estaba habitado por más de cien individuos hace 12.000 años
Las excavaciones dirigidas por Rodrigo de Balbín dan con el lugar que habitaban los hombres prehistóricos Se encontraron útiles, huesos grabados y dos grandes hoyos que utilizaban para tirar los desperdicios
28.09.07 -
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El vestíbulo de Tito Bustillo estaba habitado por más de cien individuos hace 12.000 años
CONTRALUZ. Los investigadores en el vestíbulo de Tito Bustillo, donde se han hallado los restos que confirman la existencia de una colonia prehistórica. / NEL ACEBAL
Las excavaciones de este año en la cueva riosellana de Tito Bustillo han dado con el lugar en el que vivían los hombres prehistóricos hace unos 12.000 años. Confirmando las hipótesis que manejaba el catedrático de Prehistoria Rodrigo de Balbín, responsable de los trabajos en la gruta, los investigadores están en condiciones de afirmar que en el vestíbulo de entrada se concentraba una comunidad de, al menos, un centenar de individuos. Allí hacían su vida, compartían espacios y realizaban sus trabajos, en un área aproximada de cincuenta metros de largo por cincuenta de ancho.

En el yacimiento, que se encuentra en lo que antaño era la entrada principal de la cueva, se hallaron innumerables pistas que confirman que aquel era el lugar elegido como vivienda por los hombres del Magdaleniense, en la última etapa del Paleolítico Superior. Además de agujas de coser y huesos con grabados, típicos de estas épocas, el descubrimiento que más datos ha aportado al equipo de investigadores es la aparición de dos hoyos que servían como depósito de basuras. Allí aparecieron restos de animales comidos y, por su cantidad y por las características de la oquedad, los arqueólogos han podido confirmar el elevado número de habitantes de la gruta.

Aún así, se realizarán más estudios y cálculos para confirmar exactamente cuántos individuos vivían allí. «Esto nos hace ver que los grupos eran mayores de lo que se pensaba en un principio. Por lo visto, no se trataba de pequeñas tribus o bandas, sino de poblaciones mucho más extensas», detalla el prehistoriador Rodrigo de Balbín. Además, esta circunstancia podría extenderse a toda la zona del macizo de Ardines y a la comarca. «Cada vez estamos más seguros de que tenían un nivel de organización grande y de que había relaciones entre ellos, algunas de tipo comercial».

Para confirmar este extremo, un equipo multidisciplinar está llevando a cabo un estudio de los colorantes que se usaban para pintar la cueva de Tito Bustillo y compararlas con los de otras cuevas del Oriente Asturiano, y en concreto de la vega del río Sella. «En colaboración con otros investigadores hemos recogido muestras en las cuevas de La Güelga y El Buxu, en la cuenca alta del Sella», explicó De Balbín. A lo largo de esta campaña, su equipo ha recogido una gran muestra de imágenes con infrarrojos en el interior de la gruta riosellana para poder estudiar sus coincidencias con las de otras cuevas.

«Así sabremos si el origen de las pinturas es el mismo, si las compartían, si las traían de otros lugares Nos permitirá descubrir cómo se relacionaban entre ellos», detalló. De Balbín está seguro de que toda la zona funcionaba como una entidad y que sus pobladores mantenían habitualmente contactos y relaciones. «Supongo que también se intercambiarían herramientas, piezas de sílex y otras cosas».

La oquedad en la que vivían los hombres prehistóricos constituía un gran vestíbulo a pocos metros de la entrada original de la cueva. Un derrumbe en un momento indeterminado la había dejado aislada de la cueva y cortado el paso hacia su interior. Fue descubierta en 2004 por el espeleólogo Julio Sarasola y cartografiada por el catedrático Alberto Foyo, que la bautizó como 'La Cuevina'. Desde entonces, los investigadores se han centrado en descubrir los secretos que ocultaba en su interior. Está a escasos metros del gran panel, el que ha hecho famoso a la cueva asturiana por sus pinturas rupestres y que fue descubierta en el año 1968.
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