
Ante el altar de la iglesia de San Pedro, la organización colocó una moto, junto a un trozo de guardarraíl, flores, indumentaria motorista y las cenizas simbólicas que, una vez finalizada la eucaristía, fueron esparcidas en el cerro de Santa Catalina ante la mirada emocionada de los asistentes. Fue Roberto Martos, párroco de Ciaño y también motero, quien ofició la misa y bendijo los cascos. Y lamentó que no pudiera hacer lo mismo con las motos, porque «el Ayuntamiento no ha colaborado demasiado y, entre otras cosas, no nos han dejado acercar las motos a la iglesia». Por este motivo, los organizadores aseguran que el próximo año repetirán la celebración, pero en Oviedo, «porque allí tenemos más apoyo de las autoridades».
Los datos son contundentes: 4.000 moteros muertos y 100.000 heridos, muchos aún con secuelas, en los últimos cuatro años. Por este motivo, no desperdiciaron la ocasión para reivindicar el cambio de las leyes que regulan la construcción de las nuevas carreteras, para que los nuevos guardarrailes que se instalen cuenten con las protecciones necesarias. «Muchos de los que hay ahora son del año 72 y desde 1999 hay una normativa europea que los prohíbe», señala Mari Fé Antuña, una de las organizadoras.
Otra de las peticiones de los aficionados es un mejor mantenimiento de las carreteras, que el asfalto esté limpio de aceites, gravilla y baches y que las pinturas utilizadas en las señalizaciones sean antideslizantes, con lo que se evitaría muchos accidentes. «No la usan porque esa pintura es más cara y dura menos, pero deberían tener en cuenta que esto no es Andalucía y que aquí llueve muchos días al año», comentó Luis Miguel Suárez en la plaza del Marqués, donde el Ayuntamiento habilitó un aparcamiento provisional para la ocasión.






