LAS FRASES
-¿Sobre qué versará su lección?
-Será algo literario, porque en sólo doce minutos no se puede hablar de algo científico. Sería necesario mucho más tiempo para entrar en profundidad, y no es el caso.
-¿Por qué pronunciará usted esa lección inaugural del curso?
-Porque se han dado una serie de casualidades. Cada año, le toca a una facultad dar el discurso de inauguración. Dio la casualidad de que este año le toca a la de Medicina, que a la vez se cumplen los 400 años de la Universidad de Oviedo y, además, que el más veterano de la facultad soy yo, por lo que me corresponde hacerlo. No es por una cuestión de mérito (sonríe).
-Acaba de ser nombrado presidente de la Real Academia de Medicina del Principado de Asturias. ¿Cuál es su función?
-Es una institución que deriva de las creadas en Francia en el siglo XVIII. Son entidades libres compuestas por sabios a las que pedir opinión y colaboración. Actualmente, hay mucha facilidad de comunicación, con internet y los viajes, pero conservan esa independencia y vocación de servicio. Las más destacadas de estas entidades son la Real Academia Española y la Academia de la Historia.
-¿Y la academia asturiana?
-Somos profesionales de la medicina que opinamos y discutimos con esa misma vocación de servir a la sociedad.
-¿Sólo hay médicos?
-No, hay otro tipo de profesionales, como bioquímicos, farmacéuticos o abogados, pero siempre son profesionales de reconocido prestigio.
Título de doctor
-¿Qué requisitos tiene que cumplir un profesional para formar parte de la Academia de la Medicina?
-Hay dos grupos. Están los académicos de número, que son los que en la RAE tienen sillón con letra, para entendernos, y los académicos correspondientes. Los primeros han de tener el título de doctor, ejercer durante al menos diez años la profesión en Asturias, que su propuesta sea presentada por cinco académicos de número y, finalmente, resultar elegidos. En cuanto a los segundos, pueden vivir o no en Asturias, aunque no pueden participar en las votaciones ni ser elegidos presidentes. Los demás derechos los tienen igual.
-¿Es una institución que sigue vigente?
-Puede ser muy útil, ya que mantenemos la independencia. Toda la sociedad nos puede consultar, pero no llegan tantas cuestiones como deberían. Una de nuestras funciones es promover opinión.
-La de medicina es una profesión que está últimamente de actualidad. Uno de los motivos es la falta de profesionales. ¿Habrá que llegar a contratarlos en el extranjero?
-Espero que no. En la Facultad de Medicina tenemos capacidad para formar a más médicos. En Asturias tenemos una red hospitalaria excelente y cada hospital puede convertirse en un hospital docente. Tenemos la capacidad necesaria, viendo el número de camas que tenemos y las necesarias para formar nuevos médicos.
-¿La Universidad debería rebajar la nota exigida para entrar en la facultad?
-No se trata de la nota, sino del número de estudiantes que se pueden admitir. Si entran más, la nota baja de forma inmediata. Esa nota viene dada por el propio número de alumnos que se admite. Pero hay un límite de admisiones que no depende de la Universidad, sino del Insalud y la Unión Europea. Hubo en tiempo que llegué a tener unos mil alumnos; está claro que eso es inadecuado, ya que el médico tiene que salir con una formación muy buena, pero hay un término medio en el número de admisiones.
-¿Cómo son las relaciones de la Universidad con la Consejería de Salud?
-Muy buenas, como tiene que ser, porque la colaboración con los centros hospitalarios es imprescindible. Hace unos años hubo muchas reticencias, pero esa tendencia ya se cambió y sólo hay que ver que el Hospital Central ahora se llama universitario.
Derecho inalienable
-¿Qué le parecen las críticas de la UE a la red hospitalaria asturiana por sus grandes dimensiones?
-No hay que tener sólo en cuenta la extensión y la población, sino también la orografía. Si quienes hacen esas críticas estuvieran en los Oscos o los Picos de Europa y les diera una apendicitis, darían gracias por nuestra buena distribución hospitalaria. La salud es uno de los derechos inalienables de los ciudadanos y hay que aplicarla con un gran sentido social y solidaridad. En Asturias se ha invertido mucho dinero en promover la salud y yo me siento muy orgulloso de ese buen sistema sanitario.
-¿Puede ser más eficiente?
-El problema es que la salud de calidad es muy cara y lo fundamental es que no haya diferencias entre las clases sociales. Todos somos personas y nos merecemos el mejor tratamiento posible.
-¿Cómo es el nivel de nuestros facultativos?
-Es muy bueno. Por regla general, están muy bien preparados y se preocupan por estar al día. Son personas que dan un trato muy humano a sus pacientes. Tengo una gran admiración por mis colegas y añoro la época en la que también hacía esa labor.
-¿Qué le parece el denominado 'caso Andrenio', en el que un médico ha sido sancionado por dedicar mucho tiempo a sus pacientes?
-No conozco bien ese caso, pero sí sé de un médico que en 1967, en el ambulatorio madrileño de San Blas, se rebeló contra el hecho de ver a los pacientes rápidamente. Los inspectores de la Seguridad Social acabaron llamándole la atención para que invirtiera menos tiempo. Ese médico era yo, que estaba haciendo una sustitución de un compañero. Me acusaban de producir un atasco.





