Decir que entonces ellos eran unas prometedoras figuras parece ahora obvio, cuando, con el paso del tiempo, se convirtieron en uno de los equipos más interesantes de la arquitectura española de finales del siglo XX. Les vimos ganar entonces un prestigioso premio en el Concurso de La Vaguada, que sería el anuncio de un reconocimiento continuo en su vida profesional: Premio de Prototipos de Viviendas Unifamiliares para el Medio Rural de Asturias (1982), Premios Asturias de Arquitectura por la Casa Cuartel en Piedras Blancas (1983) y por la intervención en la Cueva Prehistórica de los Azules (1997). Accésits en estos premios por el bloque de Viviendas de Promoción Pública en Noreña (1985) y por la Pista de Taramundi (1996). Además diseñó, ganando su concurso, la Insignia del Colegio de Arquitectos de Asturias, que muchos de los compañeros lucirán con honor en su despedida. En nuestra última conversación, ¿como no, caminando por la calle!, reflexionamos sobre los nuevos caminos que aparecían en el diseño de complejos edificios, mediante la utilización exhaustiva de la tecnología del ordenador. Coincidíamos en que esta nueva etapa barroca que se avecinaba y de la que ya había buenos e interesantes edificios construidos, estaba fuera de nuestra visión de la arquitectura, más tranquila y sosegada.
Pero estábamos expectantes a lo que podría ocurrir. ¿José Manuel, ya te lo contaré!.





