Para acabar de liarla, también creo que en cualquier proceso de posible emancipación son, exclusivamente, los emancipandos quienes deben ser llamados a decidir si se quieren ir o no, así como en una posible integración son los receptores, y solo ellos, quienes deciden la admisión o no de los aspirantes. Así funciona en todos los órdenes de la vida y ya sé que tal criterio, aplicado a este caso, sería inconstitucional lo cual, a mi juicio, no lo descalifica sino que certifica, precisamente, la existencia de un problema político.
No acaba aquí, sin embargo, la realidad. Cualquier plebiscito como el pretendido requiere un clima absolutamente exento de violencia y coacción que garantice la participación de todos -incluidos los exiliados por la 'presión' nacionalista- en completa libertad. Esta condición dista mucho de cumplirse en la actualidad lo cual es suficiente para abortar, por los medios legales, una 'consulta' que nacería viciada en origen.
No obstante, establezcamos, hipotéticamente, el supuesto más optimista para las ansias soberanistas: en no se qué futuro perfecto, el presunto referéndum arroja un resultado global emancipatorio salvo, naturalmente, en Álava. ¿Qué razón de ética política podría impedir que Álava aplicara a Euzkadi la misma receta que Euzcadi a España? ¿Aceptarían los nacionalistas la doble segregación?
Insistir, obstinadamente, en un proceso incendiario que no puede satisfacer, legítimamente, ni a quien lo plantea revela la talla de su promotor. Y no por vasco, naturalmente. Ni siquiera por nacionalista. Pero sí por sabiniano.





