EL MONTAJE
Esos son los mimbres de 'Imperium', un show protagonizado de manera exclusiva por mujeres. Es la primera vez que la Fura prescinde del sexo masculino para componer una fábula en cinco actos en los que no sólo no hay tregua, sino que tampoco hay esperanza. Es una crítica descarnada, en la que prácticamente no se emplean las palabras pero con una clara estructura narrativa.
Son cinco escenas: miedo, arengas, domesticación, canibalismo y masacre. Son los males del imperio contados por capítulos en un espacio diáfano de veinte metros de ancho por treinta de largo y ocho de alto como mínimo, un lugar sin gradas ni asientos que quiere convertir a los espectadores en ciudadanos mirando desde el ágora y eligiendo su propia visión de espectáculo. Una pirámide de cinco metros de altura que se subdivide en cuatro módulos es elemento escénico fundamental durante una hora de espectáculo en el que el espacio muta para permitir que la narración avance.
Todo ello se sirve con la música electrónica y electroacústica que compone la contundente banda sonora que firma Martin Zrost. Las proyecciones son también claves en la escena, en la que aparecen animaciones abstractas y narrativas.
Claro que todo lo dicho se quedaría en nada sin el público como aliado. Este es el noveno espectáculo de 'lenguaje furero' de la compañía, de modo que los fieles de la Fura ya saben que su presencia no será pasiva, que todos ellos se convertirán por una noche en víctimas del imperio. «En 'Imperium' sometemos al espectador a una verdadera domesticación física. Invadimos su espacio, lo aplastamos, lo forzamos a un continuo movimiento y atención. Reproducimos la invasión y violencia que propone el modelo imperialista para con el otro». Quienes el miércoles y el jueves estén en el Pabellón de las Naciones de la Feria de Muestras de Asturias pasarán por cinco etapas distintas sin final feliz.
EL MIEDO
«La primera escena retrata el miedo creado por el hecho de que en cualquier esquina, en cualquier parada de autobús, explota una bomba y dejas de existir», explica Jürgen Müller, director de escena y coautor del espectáculo, para anunciar un arranque sorprendente que traslada al público a un mundo de caos y violencia. El miedo es precisamente la forma que elige el poder para poder dirigir a los ciudadanos, para que en la búsqueda de la seguridad con la que combatir el pánico surjan los profetas.
ARENGAS
La segunda escena de 'Imperium' tiene un mensaje claro: «Si tú me sigues, yo conseguiré que no tengas miedo». Lo lanzan esos profetas que ofrecen tres antídotos distintos: vencer el miedo desde el placer, desde el activismo y el cambio o desde la domesticación. Vence el control de lo físico y lo mental como vía de salvación. Vence la domesticación.
DOMESTICACIÓN
Las profetas domesticadoras asumen su tarea con las ideas y la tecnología como aliadas para conseguir su objetivo. Primero se encargan de convertir al ser humano en una suerte de animal de carga, de hacer del público su rebaño. Después entran de lleno en la domesticación mental, que anula el yo real para dar paso al ideal. La última fase entra en el control de las emociones.
CANIBALISMO
Llega el momento de matar. Las profetas domesticadoras se convierten en víctimas de sí mismas. Su domesticación genera monstruos que sólo saben aplicar la violencia. Comienzan a matarse unas a otras.
MASACRE
'Un cuadro de Goya' pone el punto final a esta propuesta escénica. Cuando ya sólo quedan dos personas vivas, comienza la batalla final: es la muerte a garrotazos. El poder invisible presente durante la función aparece en escena para recoger los garrotes e irse con ellos a otra parte. La invasión continúa.





