
Y no les falta razón a los que fueron sus amigos y admiradores en vida, porque si bien es cierto que esta villa marinera es cuna de relevantes personalidades y geniales artistas, no lo es menos que se ensalza a los unos con insistencia y se olvida a otros muchos que a juicio de los ciudadanos de este 'Gijón del alma' bien merecen una calle, una plaza o un busto que perpetúe la memoria de la gran escultora que fue Cristina Carreño.
Cristina nació en la casa paterna de la calle Ezcurdia el 16 de setiembre de 1924 y su hermano Ángel el 9 de noviembre de 1925, pero los hermanos no tardaron en trasladarse a la finca llamada 'Villa Delfina' que su padre Ángel Carreño Menéndez, natural de Faedo, concejo de Illas, había construido en la Ería del o Piles, entre los Caminos de Las Magnolias y Las Palmeras. El nombre de Delfina era el de su esposa, y también con el que fue bautizada la que sería notable escultora Delfina Cristina Carreño, aunque lo de 'Delfina' quedó relegado con el paso de los años para hacer historia simplemente como Cristina Carreño.
Cristina estudió en la Escuela de Comercio. Ángel lo hizo en la Escuela de Maestría Industrial y pronto destacó como mecánico muy solicitado en averías de buques con dificultades, que para Carreño no tenían secretos. Se fue especializando en el ramo del automóvil hasta patentar un sistema de rehabilitación de amortiguadores que alcanzó fama internacional hasta tal punto que los principales fabricantes de coches de todo el mundo llegaron a ofrecerle cifras millonarias por la patente, cuya constante negativa propició el que su popularidad fuese 'in crescendo' siendo conocido como 'Carreño el de los amortiguadores'. Su personal forma de ver la vida no le iba a la zaga de su genialidad como técnico y experto mecánico. Sirva de ejemplo cuando afirmaba que superaba a los ingleses, pues si ellos habían inventado la 'Semana Inglesa', él había patentado la 'Semana Gijonesa', que consistía en dejar de trabajar desde el jueves por la tarde hasta el lunes.
Nixon, el Rey y Ochoa
Cristina Carreño, casada por su parte con el inspector de policía José Ruiz Velarde, fue en su juventud destacada amazona y demostró grandes habilidades para la caza, pero el fallecimiento de su esposo cuando ella contaba 39 años la llevó a dedicarse de lleno a la escultura, primero en la Escuela de Bellas Artes y Oficios Artísticos de Oviedo y luego se trasladó a Madrid donde prácticamente realizó lo mejor de su obra en el estudio del escultor y profesor de la Academia de Bellas Artes don José María Porta de la Lama-Noriega. Sus estancias en Gijón eran aprovechadas no obstante para trabajar en el taller de 'Villa Delfina' donde culminó esculturas y bustos de destacados gijoneses, y entre otras creaciones el medallón de S. M. el Rey don Juan Carlos I, que preside el salón de plenos del Ayuntamiento de Gijón y la imagen de la Virgen de Covadonga que fue trasladada en relevos de la Santa Cueva a Gijón, en la inauguración de las instalaciones del 'Grupo 2000'.
De la universalidad de la obra de Cristina Carreño dan fe sus bustos y monumentos dedicados a personalidades tales como el que fue presidente de los EE UU Richard Nixon, el Rey Juan Carlos o Francisco Franco. En León hay un busto de Cristina Carreño para Claudio Sánchez Albornoz, el de Félix Rodríguez de la Fuente en Burgos, el del cardenal Inguanzo en Llanes, el de la Reina doña Sofía para Cádiz y en Puerto Rico luce el monumento dedicado a Ponce de León, entre otros muchos como el de Juan de La Cosa para Santander y de nuestro Premio Nobel Severo Ochoa en Salamanca.
También hay muestras de su arte en los jardines de la Ciudad Universitaria de Madrid, en los del Museo de Arte de Valladolid, en el Ministerio de Cultura y un largo etcétera que no son más que una simple relación de la ingente obra de esta gijonesa que llevó su ciudad por bandera, pero hay que resaltar que, a juicio de los críticos, Cristina era capaz de reflejar en sus esculturas el alma de los personajes que plasmaba en sus rostros con singular expresividad.
La escultora falleció en Madrid el 23 de enero de 1991 a los 66 años, y Ángel Carreño murió en Gijón el 9 de mayo de 2002. Ambos reposan en Gijón para la eternidad, pero la falta de descendencia directa propició que el patrimonio familiar, tanto artístico como económico pasase a la Administración.
Grupo de intelectuales
Ahora bien, Ángel Carreño había llegado a formar un interesante grupo de intelectuales y empresarios gijoneses con el nombre de 'La Universidad del Piles', que siguen manteniendo viva la llama de su creador, porque la singularidad de un personaje como 'El Rey del Amortiguador' perdurará largos años en la mente de cuantos le conocieron. Y en cuanto a la figura de Cristina, como es habitual en materia de arte, su obra va ganando en aprecio y valor de cotización con el paso de los años, aunque como ocurre en muchas ocasiones, determinados artistas son más valorados lejos de su tierra. Nunca es tarde si la dicha es buena, así que aún estamos a tiempo de hacer justicia con estos dos hermanos que, cada uno en su faceta profesional, han dado prestigio a la ciudad que les vio nacer con su rico legado.





