
Águeda pertenecía a las Juventudes Antifascistas y Comunistas. Estuvo en la Unión Soviética hasta 1956, pero tuvo que vivir también toda la Segunda Guerra Mundial; algo que nunca olvidará. «Viví el cerco de Leningrado, me escapé por los montes, pasé ríos a nado como pude », relata. «Hasta que empezó esa guerra todo iba muy bien, no nos faltó nada y estábamos de maravilla», agradece.
Esta palentina criada en Gijón se casó en la URSS, pero con un español. «Los rusos eran muy buenos, pero a mí no me gustaban, yo quería un español». «Él era de un grupo que había mandado el gobierno de la República para prepararlos como pilotos», explica con orgullo, al tiempo que lamenta que él no pudo regresar con ella a España porque falleció en Rusia.
El regreso fue para Águeda «muy emocionante», porque siempre pensó en volver. En parte también por ello no quiso intimar demasiado con los rusos. «Si me casaba con un ruso luego tendría hijos medio rusos y medio españoles y yo no quería esos problemas para poder volver», reconoce.
Hasta que no volvió de nuevo a Gijón no se reencontró con sus familias. No obstante, tuvo la suerte de que sus padres seguían con vida a su regreso y pudo disfrutar de su compañía. «Murieron estando conmigo», explica.
En su regreso, Águeda buscó trabajo para ganarse la vida y lo logró en Bohemia Española, donde estuvo empleada hasta que le llegó la jubilación. ÁGUEDA RUIZ TORIBIOS EDUCADORA





