
Este año lo tiene más difícil. Por muchos motivos. Entre otros, que ni siquiera en su escudería apuestan por él. Las preferencias se centran en Hamilton y, de hecho, Ron Dennis, patrón de McLaren, lo reconoce abiertamente. Al menos, cuando habla para los medios de comunicación británicos. A estos últimos les dijo, tras el Gran Premio de China, una frase que lo deja todo claro: «Si hemos apurado tanto los neumáticos del coche de Hamilton fue porque no luchábamos contra Raikkonen sino contra Alonso». El piloto británico acabó fuera de pista por esa decisión y el asturiano vuelve a tener opciones para ganar el campeonato. Y hacerlo en un circuito que le ha dado suerte.
En 2005 el ovetense ganaba el título mundial en Brasil, aunque aún quedaban más carreras por disputarse. La experiencia de Alonso en estas lides también la tiene Kimi Raikkonen, que llegó a Japón en 2003, última prueba del Mundial, con opciones al título, aunque fue batido por Michael Schumacher, gracias a la ayuda de Rubens Barrichello. El alemán realizó una de sus peores pruebas, pero la victoria del brasileño, compañero de equipo, permitió a Schumacher salir triunfador tras una mediocre carrera.
Lewis Hamilton llega a su primera final después de desperdiciar una oportunidad de oro, en un fallo compartido con el equipo. Ni uno ni los otros supieron ver los problemas que tenía de neumáticos, derivados de una mala gestión de la carrera en las vueltas cruciales. El piloto británico debía haber mimado las ruedas y no castigarlas en una lucha con Raikkonen, que era muy superior en ese momento, o con Jarno Trulli, a quien no le iba nada en el envite.
Fue el primer fallo grave esta temporada de Hamilton, y le llegó en el peor momento. Supuso un golpe moral muy importante, en especial frente a sus rivales, que aunque sea complicado, saben que aún es posible el triunfo del español. Tener el champán en la nevera y el título en el bolsillo durante más de media carrera para al final perder el primer asalto puede pesar como una losa en Brasil.
El de Interlagos, además, es un circuito donde el oficio es muy importante. Se corre en sentido contrario a las agujas del reloj, es una pista muy bacheada, llena de trampas, y sobre todo si llueve. Entonces sí que es una lotería, y si no que se lo pregunten a Fisichella, que ganó con el Jordan una carrera en la que Raikkonen recogió el trofeo de vencedor y en la que Alonso en lugar de en el podio estaba en el hospital.
El 'efecto Massa'
Alonso no ha ganado nunca en Brasil, donde Felipe Massa se impuso el año pasado. El brasileño, que ya no opta al Mundial, será un enemigo complicado para los hombres de McLaren. «Adelantar a Massa es sinónimo de tocarse con él», ha dicho Alonso en más de una ocasión. En su terreno Massa no va a dudar, mientras que los de McLaren tienen que llegar obligatoriamente a la meta.
Además, Massa podría hacer labor de equipo perfectamente e incluso abandonar en la última vuelta, o hacer una parada extra si es necesario para que Raikkonen se lleve el título. En Ferrari concentrarán todas las fuerzas en Raikkonen, mientras que en McLaren cada uno hace la guerra por su cuenta. A Hamilton le basta con terminar cerca de sus rivales, pero cuando se juega a empatar se suele perder y, después del fiasco del domingo en China, el inglés puede ser un rival muy débil para sus dos rivales, más expertos.
Alonso juega con la baza de que ya ha ganado el título en dos ocasiones, aunque Raikkonen no es de los pilotos a los que le afecte la presión, especialmente porque para él esto de las carreras es como un juego entre amigos, y no parece dar demasiada importancia a los triunfos o a las derrotas. El día 21 se lo van a jugar todo a una carta y Alonso tiene muchas posibilidades de salir triunfador.
Más que Hamilton en el conjunto de la situación, y que Raikkonen por los puntos que le lleva. El más listo será campeón en Brasil, y Alonso podría redondear una temporada muy dura en todos los aspectos. ENVIADO ESPECIAL






