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Un piloto en bici supersónica
Alex Wurz, campeón del mundo de BMX, ex propietario de un equipo de mountain bike y dueño de una bicicleta diseñada por la Agencia Aeroespacial Rusa, abandona la F-1
10.10.07 -
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Un piloto en bici supersónica
DESPEDIDA. Alex Wurz camina por el 'pit lane' de China poco antes de anunciar su adiós. / EFE
El caos en el parque automovilístico del circuito de Shanghai es colosal. Operarios afanosos tratan de ubicar todos los coches que acceden al 'paddock' como hormigas laboriosas en procesión. Prensa, invitados, patrocinadores y demás, a la derecha. Pilotos, jefes de equipo y personal directivo de la FOM (Bernie Ecclestone), a la izquierda, en el coto cerrado.

Allí acampan modelos de todos los pelajes, siempre en la gama más alta. Mercedes para Alonso y Hamilton, Maseratti para Raikkonen y Massa, BMW tipo camión para Heidfeld y Kubica, Honda longilíneos para Button y Barrichello. Los pilotos disfrutan de coches de cortesía para moverse desde los hoteles a su puesto de trabajo dominical. El atasco es infernal a las diez de la mañana camino del circuito. Y tal vez por eso, un piloto de una escudería legendaria, Williams, aparece en una bicicleta negra entre tanto rugido de caballos en estampida.

Alex Wurz, 32 años, natural de Weidhofen (Austria), casado y padre de dos hijos, convoca la atención de los reporteros gráficos cuando coloca su chapa en el torno de acceso. Un empleado del circuito sujeta su bici, abre una compuerta lateral para que la montura traspase la barrera y Wurz reemprende su camino. Directo al campamento de Williams en un artilugio con historia para, poco después, confirmar un secreto a voces: su adiós inmediato -de hecho no correrá la última prueba del Mundial en Brasil- al 'circo'. Vamos, su jubilación.

Wurz empezó la casa por el tejado. Lejos de haber consumido su adolescencia entre gasolina, cajas de cambio, manchas de aceite y válvulas, domesticó su instinto para el deporte entre tijas, piñones, sillines y descensos. Su pasión era la bici. Y también podía haber sido su futuro. Con doce años fue campeón del mundo de BMX, esa modalidad de bicicletas pequeñas sin cambios, mitad mountain bike, mitad motocross.

Sus 186 centímetros no le penalizaron para practicar un deporte que siempre favorece a los pequeños y no a los tipos gigantes como él. Hijo de un antiguo campeón austriaco de rallycross, Alex Wurz no giró su conducta hacia los monoplazas hasta los quince años, cuando se inició en el karting, paso obligado de aprendizaje para todos los pilotos de Fórmula-1.

Inmerso ya en una escalada hacia un deporte donde el dinero aflora (Fórmula Ford, Fórmula 3 y Fórmula-1 como probador en Benetton), Wurz nunca olvidó sus orígenes. Habitual inquilino de las marchas cicloturistas y de los campeonatos internacionales de bici de montaña, aprovechó los solventes contactos que procura el mundillo de la F-1 para montar su propio equipo de mountain bike.

Con sede en Mónaco

Fue en 2003 y gracias a la mediación de uno de los patrocinadores de McLaren, donde ejercía como piloto probador. Siemens le facilitó el dinero y la marca de bicicletas Cannondale (la que montaba el equipo de Cipollini) la cobertura técnica. Con sede en Mónaco, echó a rodar por el mundo.

Convertido en mecenas, Wurz ha dedicado años y dinero a su equipo de mountain bike. Influido por el vanguardismo tecnológico de la F-1, trató de cuadrar el círculo. Quiso que sus ciclistas utilizasen lo más de lo más, una bicicleta fabricada en magnesio. La variedad de bicicletas de montaña en el mercado es inabarcable, pero a muchas les une el mismo nexo: la materia prima es el carbono. Una sustancia ligera y resistente.

Wurz quiso magnesio para el Siemens Cannondale y llegó hasta los confines del mundo en Rusia, el único lugar del planeta que le garantizaba ese material para soldar el cuadro. Trabajó con la Agencia Aeroespacial Rusa y llegaron las bicis de magnesio. La distancia fue en esa sociedad el germen de la separación. Surgieron problemas de pago, de falta de suministro y se instaló el recelo. Wurz dejó de trabajar con los ingenieros de la NASA soviética para su proyecto 'Sputnik'. Deshizo el equipo. Pero se quedó con una sofisticada bicicleta, negra, seductora, que provocaba miradas lunáticas en cientos de pupilas.
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