
Según explicaron varios vecinos de la zona, José Ramón R. G., que vive en una casa apartada la zona conocida El Caravaco, mantenía de forma frecuente violentas discusiones con la que había sido su pareja en los últimos años. Ésta, señalaron, ya había abandonado la casa en una ocasión, si bien finalmente retornó para volver a huir recientemente. «Estuvo viviendo en una tienduca de campaña, pero él la controlaba y la vigilaba». La mujer habitualmente buscaba refugio y compañía en la caravana de María Teresa, con quien tenía gran amistad. «Era su protegida», explicaba una vecina.
El lunes, a media tarde, José Ramón R. G. se encaminó hacia las conocidas como casas de Maximino Miyar, a espaldas de las naves del polígono de Mora Garay, donde desde hace varios meses tienen instalada su caravana la víctima y su pareja. Al llegar allí, sin embargo, solo se encontró con María Teresa.
El presunto autor descargó varios disparos de pistola sobre la mujer, que quedó tendida en el asfalto, herida de muerte. Acto seguido huyó del lugar, según algunas versiones en un Renault Twingo de color verde, si bien algunos testigos declararon que regresó caminando a su domicilio, alejado apenas medio kilómetro del lugar del crimen.
En el momento en que se produjo el tiroteo la pareja de la víctima, José Miguel, con quien llevaba casi cinco años de convivencia, no se encontraba en la caravana, pues estaba «ayudando a un vecino a atender unas yeguas en un prado cercano». Al regresar a su caravana se encontró, a unos 30 metros, con la trágica escena de su novia difunta, pues nada pudieron hacer por ella los servicios sanitarios de emergencias.
En un pasadizo
José Ramón R. G., mientras, continuó su huida. En las proximidades de su casa se encontró con otro vecino, con quien tenía enemistad, y un amigo de éste. Los dos hombres se encontraban enganchando un remolque para animales a su vehículo. Nervioso y alterado, según relató a EL COMERCIO su vecino, el presunto homicida les encañonó con su pistola sin mediar palabra y descargó dos tiros contra ellos. Ninguna de las balas les alcanzó y, antes de que volviera a disparar, huyeron en el coche.
El supuesto asesino se fugó después del lugar y permaneció oculto hasta que ayer de madrugada, en torno a las 0.30 horas, fue localizado por miembros de la Brigada de Policía Judicial, que procedieron a su detención. Los agentes habían montado un importante dispositivo que controlaba toda la ciudad, pero que se centraba, no obstante, en la propia parroquia de Tremañes. Fue ahí, cerca de la iglesia, donde finalmente encontraron al que fue descrito ayer por el propio Cuerpo Nacional de Policía como «principal sospechoso». El hombre permanecía oculto en un pequeño pasadizo próximo a su casa, que había sido abierto hace tiempo por unas obras eléctricas que se realizaban en la zona.
Ayer José Ramón R. G. permaneció encerrado durante todo el día en los calabozos de la comisaría de El Natahoyo y solo abandonó su celda al mediodía para acompañar a los investigadores al lugar de los hechos. Tras su declaración e indicaciones, tres agentes se adentraron en el fondo fangoso del cauce del río Pilón en busca de pruebas y vestigios que ayuden a la investigación. El detenido podría pasar hoy o mañana a disposición judicial.
El cuerpo de María Teresa Incógnito López, mientras, será incinerado hoy en Cabueñes y su familia llevará después sus cenizas hasta Lugo, de donde era natural.






