
«Venía a por mí». Pero él no estaba cuando el homicida enfocó su pistola hacia el cuerpo de su novia. Por la mañana todo eran dudas y no acertaba a comprender cómo podía haber sobrevenido esta situación. «Nunca tuvo amenazas ni teníamos sospechas de que nadie pudiera hacernos algo así», aseguraba. Pese a que ya se había realizado la detención del principal sospechoso, no obstante, respondía incrédulo: «Ni sé quién puede ser ni nada».
El lunes, a las seis de la tarde, cuando se produjo el crimen, José Miguel se encontraba en un prado de la parroquia «ayudando a un vecino a atender las yeguas». No tiene otra ocupación.
En paro desde hace tiempo, se encuentra pagando aún a plazos los 400 euros que le pidieron a principios del verano por la caravana en la que ahora vive. Se la vendió 'El Gallego', mote con el que conocen popularmente en Tremañes al chatarrero Cándido Sisto, al que la pareja ayudaba de vez en cuando en su trabajo «echándome una mano».
De Carreño a Gijón
María Teresa y José Miguel, este último natural de Mieres, llevaban seis meses ocupando la caravana de Tremañes. Antes la pareja había estado viviendo en El Empalme, en Carreño, donde se conocieron trabajando en un programa laboral de inserción social que ofrecía el Ayuntamiento. «Vivían en la casa de la abuela de José Miguel, hasta que vinieron a Gijón», aseguraba un amigo de la pareja. En las próximas fechas tenían previsto casarse por lo civil, cuando ella finalizase los trámites de su separación.
Los vecinos de las casas de Maximino Miyar señalaban, por su parte, que aunque no tenían más trato que un cordial saludo con la pareja, «nunca dieron ningún problema ni vimos que se metieran en líos». Otra vecina de la parroquia les describía como «pobres, pero muy buenos».





