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La esperanza hispana en los Estados Unidos
12.10.07 -
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La esperanza hispana en los Estados Unidos
EN la actualidad, muy pocos norteamericanos saben que la ciudad más antigua de los Estados Unidos -San Agustín de la Florida- fue fundada por un español, Pedro Menéndez de Avilés, en 1565. O, por poner otro ejemplo, que el primer asentamiento permanente en ese país se realizó algunos años antes en la citada península de Florida (1513) bajo las órdenes de Juan Ponce de León. Incluso, más significativo que todo esto, es el hecho de que la expansión hispana actuó no sólo en extensión, sino en profundidad; solamente cincuenta años después del primer viaje de Colón ya se había explorado una vasta extensión de territorio: Florida, Georgia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Tenessee, Alabama, Mississippi, Louisina, Arkansas, Texas, Kansas, Oklahoma, Nebraska, Colorado, Nuevo México y Arizona.

Curiosamente, esto es generalmente omitido y, cuando los norteamericanos se refieren a la aportación europea a la formación de los Estados Unidos, colocan en primer término a los británicos -por supuesto-, seguidos de los escandinavos, los irlandeses, los holandeses, los alemanes y los eslavos y, en último término, cómo no, los latinos: franceses, españoles y portugueses. La herencia hispana sigue siendo el pariente pobre y olvidado.

Puede, que todo ello, tenga algo que ver con algunos mitos de la antigüedad clásica, en los que se alternan la aniquilación del hijo por el padre o al contrario. La rebelión contra el progenitor y su muerte, si fuese necesaria, parece evidente en el caso norteamericano. Lo que es obvio es que los españoles fueron los primeros en descubrir, explorar y colonizar una gran parte del territorio actual de los Estados Unidos y mantuvieron su presencia en aquellas tierras durante algo más de tres siglos dejando allí su impronta. El desaparecido presidente John F. Kennedy, refiriéndose a la aportación española, decía en 1961 algo digno de ser destacado: «Siempre he sentido que una de las mayores carencias de los norteamericanos es el conocimiento del pasado, el desconocimiento de la gran influencia española en la exploración y el desarrollo del sudoeste de los Estados Unidos durante el siglo XVI, que es una historia extraordinaria. Desgraciadamente, todavía muchos norteamericanos creen que América fue descubierta en 1620 por los peregrinos del Mayflower y olvidan la formidable aventura española de los siglos XVI y XVII en el sur y en el sudoeste de los Estados Unidos».

No es el propósito de este artículo hacer una apología de la colonización española, que tiene sus luces y sombras y podría ser motivo para escribir en otra ocasión, sino destacar el origen de esta presencia hispana en los Estados Unidos, ver su realidad actual y sus perspectivas de futuro. Con algunos datos que se citan a continuación, nos aproximaremos más a esta realidad. Según las estadísticas más recientes, la población hispana representa el 13% de la población general estadounidense, unos 38 millones de personas. El crecimiento de este grupo hispano -término que en EE UU tiene un claro matiz étnico, cuando es un concepto cultural, pues hay hispanos de diferentes razas, práctica lingüística, religión, etcétera- es más rápido que el del resto de la población y se estima que para el año 2050 llegará a alcanzar los 100 millones. Según el país de procedencia, son los mexicanos los que mayor peso poblacional aportan, seguidos de los que proceden de América Central y Sudamérica, en tercer lugar los puertorriqueños y luego los cubanos. Ya a más distancia está un conglomerado de distintas nacionalidades, entre los que destacan los salvadoreños y los colombianos; los españoles suman aproximadamente unos 100.000 residentes.

Por otra parte, en lo que respecta a la situación económica y educativa, aunque los hispanos mejoran su nivel paulatinamente, su posición no es tan favorable como la del resto de la población; siguen siendo el pariente pobre. Un 21,2% de las familias hispanas aún viven bajo el nivel de pobreza, frente al 7,7% general. Comparados con los blancos no hispanos, tienden a ocupar puestos de servicio y de labores menos cualificadas y están todavía muy poco representados en trabajos gerenciales y profesionales. En cuanto a salarios, un 69% de los hispanos gana menos de 30.000 dólares anuales frente al 41% general. En lo que concierne a la educación, solamente un 57% realiza los estudios de Secundaria y baja al 11% los que acaban el Bachillerato. Únicamente 2 millones de hispanos tienen algún tipo de formación universitaria.

La lengua española, que tanto ha enriquecido con sus préstamos al inglés americano, muestra un desplazamiento de ésta hacia el inglés, aunque la inmigración y el aumento de población hacen que permanezca casi estable. Está claro que los hispanos usan más el inglés según aumentan sus estructuras económicas y sociales y también el tiempo de residencia en el país y aunque sigue siendo la lengua que se habla en casa -con un arraigo muy profundo- los prejuicios hacia los que hablan español hacen que muchos hispanos bilingües se decanten hacia el inglés. Está claro que la tendencia apunta a que -en un tiempo no muy lejano- los Estados Unidos estarán divididos en dos zonas lingüísticas y que para construir un futuro más armonioso habrá que hacer frente no solo a esta 'barrera del sonido', sino también a la barrera del bienestar, siendo de suma importancia entonces el descubrir y potenciar las afinidades latentes que hay entre estos dos hemisferios. El mundo anglosajón, con su sociedad abierta, religión protestante, su linaje puro europeo y cultura tecnológica, contrasta con una sociedad más tradicional, religión católica, mezcla de razas y cultura teológica del lado hispano; sin embargo, estos rasgos que caracterizan a ambas culturas no son definitivos ni excluyentes, pues la tendencia general parece, más bien, dirigirse hacia un tipo de sociedad más abierta y permeable a todo tipo de influencias.

En cualquier caso, sigue siendo paradójico cómo la América anglosajona persiste en su aislamiento político con respecto a sus hermanos del sur, cuando el mundo está evolucionando hacia su integración -de forma imparable- a través del mestizaje de los pueblos y de las culturas, olvidándose que esta otra América es verdaderamente mucho más americana, auténtica, indígena y primitiva que Norteamérica. Obviamente, el camino más fácil y más directo para los Estados Unidos -ante el gran reto que se le avecina- sería el de integrarse con el resto del hemisferio sur.

Por último, el mundo actual se está moviendo hacia la construcción de tres grandes bloques económicos: la Unión Europea, ya constituido; los Estados Unidos, por otro lado, y el llamado grupo de Shanghai, que solapadamente y casi inadvertido para Occidente, se está formando con un potencial descomunal: China, Rusia, Irán, la India y diversas ex repúblicas soviéticas que tienen grandes recursos energéticos.

Si alguna vez las Américas se tuvieran que convertir en una sola América, la identidad hispana tendría que ser respetada y valorada, así como debidamente conocida, aceptada y comprendida. La universalización no significa dominación -otra forma de imperialismo- sino unificación: unión de culturas y de naciones que no implique pérdida ni empobrecimiento, sino acumulación de ganancias y enriquecimiento por ambas partes. La unión continental en América sólo es posible en este contexto. Es la única esperanza ante el futuro que se avecina, la esperanza hispana.
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