
El ex presidente del Principado es el encargado de repetir habitualmente el objetivo respaldado por José Luis Rodríguez Zapatero y su ministra de Fomento de tener en servicio toda la autovía a finales de 2009, salvo los nueve kilómetros entre Otur y Villapedre. En la oposición, ni el PP ni IU consideran creíble ese plazo y predicen retrasos. Es un reflejo de las disputas políticas que desde el principio han acompañado y ralentizado el avance de una autovía que también ha chocado con resistencias vecinales en algunas de las zonas que atraviesa, con la hostilidad de las asociaciones ecologistas y polémicas judiciales que han llegado a anular algunos trámites y ordenar su repetición.
Si los resultados se hubieran ajustado al plan original, la A-8 habría avanzado paso a paso en paralelo a la costa desde el este al oeste de la región, pero ese esquema se reveló equivocado desde el principio. El primer estudio informativo del trazado en el extremo oriental abarcaba un extenso tramo de más de 50 kilómetros entre Unquera y Llovio. Josep Borrell, ministro desde 1991, descubrió que la propuesta suscitaba un alud de alegaciones alrededor de Llanes y muy poca resistencia a medida que se acercaba a Ribadesella, así que decidió dividir en dos aquel recorrido tan largo. El resultado fue que la tramitación de la autovía entre Llanes y Llovio siguió el procedimiento habitual, mientras que la unión de Llanes y Unquera entraba en una espiral de protestas ciudadanas y luchas jurídicas.
Mientras la construcción de ese tramo avanzaba, el PP colocó a Sergio Marqués en el Gobierno regional y ganó las elecciones generales de 1996. El cisma del partido en Asturias en 1998 y la vuelta al poder del PSOE en Oviedo al año siguiente sentaron las bases para un prolongado periodo de desencuentros entre el Principado y el Estado. Un ejemplo muy recordado de ese mal ambiente es el episodio en el que Rafael Arias-Salgado, el primer ministro popular de Fomento, renunció a cortar la cinta inaugural de Llanes-Llovio y abrió el tramo por teléfono después de una discusión con Vicente Álvarez Areces.
El relevo de Arias-Salgado por el asturiano Francisco Álvarez-Cascos recrudeció la polémica sobre el ritmo de avance de las obras. El ministro gijonés completó todos los tramos entre Llovio y Gijón -donde la A-8 enlaza con la ronda de la ciudad y aprovecha el trazado de la 'Y' hasta Avilés- antes de que su partido perdiera las elecciones en 2004. Ese segmento incluye el túnel bajo la ría de Villaviciosa, una de las obras de mayor coste por kilómetro emprendidas en España.
Pero el legado de Álvarez-Cascos abarca también dos decisiones muy discutidas. Por orden suya, Fomento anuló toda la tramitación anterior de Unquera-Llanes para empezarla desde cero y se empeñó en sacar adelante un trazado para Otur-Villapedre que discurría muy al norte y atravesaba la rasa costera para indignación de agricultores y ganaderos de la zona que plantearon, y acabaron ganando, una batalla en los tribunales contra el Gobierno.
Cambios en el Occidente
Magdalena Álvarez llegó al ministerio con la tarea de extender la autovía hacia el Occidente y de solucionar la cicatriz de Unquera-Llanes, un paréntesis de 23 kilómetros en las comunicaciones de la región con la red europea de autopistas. Ha avanzado en el primer objetivo, aunque la atribución de méritos está en disputa. El PP reclama para Álvarez-Cascos el mérito de los tramos entre Tamón y el aeropuerto, inaugurados al principio de la legislatura, y acusa a Álvarez de haber entorpecido el resto del trazado hasta Ribadeo. El nuevo equipo de Fomento introdujo modificaciones técnicas en muchos de los proyectos heredados, cambió la planificación y los plazos y rediseñó la financiación, un aspecto al que la ministra otorga la máxima importancia.
El ritmo de la apertura de tramos se ha mantenido constante en los últimos meses. Fomento logró tener a punto para el pasado verano el tramo Soto del Barco-Muros de Nalón, simbólico porque permitió eliminar la glorieta y los atascos de la primera localidad y por contener un viaducto de más de un kilómetro, uno de los más largos de todo el Norte, para salvar la desembocadura del Nalón y la vega de Los Cabos. El puente se vino abajo en marzo de 2006 y retrasó toda la ejecución del tramo.
Al oeste de Muros, otros dos tramos, uno de 25 kilómetros entre Ballota y Otur y los casi 10 de la variante de Navia, están ya en servicio. Ahí se acaban las certezas y empiezan los calendarios de futuro. Según el último balance, realizado a finales de agosto, ya está en servicio más de la mitad del trazado occidental, el año que viene el porcentaje subirá hasta el 75% y en 2009 estarán listos todos los tramos. El Gobierno ha empeñado su palabra. El debate sobre si será capaz de cumplirla no está resuelto.





