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Ensueño y pasión contenida de Massenet
El Campoamor estrena una versión esteticista y casi pictórica de 'Thäis', segundo título de la temporada de ópera, que entusiasma al público
15.10.07 -
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Ensueño y pasión contenida de Massenet
THÄIS. Un momento de la representación de ayer en el Teatro Campoamor, donde las referencias a famosas obras pictóricas fueron continuas. / MARIO ROJAS
Todo vuelve a su lugar y, entre las cosas que regresan, 'Thaïs', la ópera de Massenet, representativa del un decadentismo estético decimonónico, casi olvidada a mediados de siglo pasado, salvo la página sinfónica 'Meditación' y recuperada desde no hace muchos años. Y vuelve 'Thaïs' en una sugerente recreación sobre la historia del monje Athanaël y la cortesana que da nombre a la pieza, producida para la Ópera de Roma por Alberto Fassini y adaptada al Teatro Campoamor, donde fue estrenada ayer por el director de escena Joseph Franconi.

En la variedad de los siete cuadros, contenidos en los tres actos de la obra, se pueden establecer como una serie de «diversas miradas», que, como las matrioskas rusas, unas caben dentro de otras. La más externa es la mirada idealizada de una Alejandría medieval y sensual, en abrupto contraste con la rigidez monacal. El exotismo medieval, de carácter romántico, se enriquece con la mirada al mundo real del arte francés del siglo XIX, representado por una más que concreta alusión al impresionismo francés, a través del cuadro 'Los nenúfares', de Monet, que al ser descubierto anoche por el público logró uno de los pocos aplausos encendidos. Finalmente está la tercera mirada, la de los espectadores que, desde la actualidad, observan y escuchan lo que se está viviendo dentro de cada cuadro.

Tres miradas, al fin, soportadas sobre una escenografía clásica, con muchísimas referencias pictóricas, como la mencionada a Monet, que hace de fondo a la famosa 'Meditación', para violín y orquesta, haciendo de la representación un encuentro casi plástico. Hay guiños también en las imágenes de fondo al barroco pictórico con claroscuros muy severos en las escenas monacales. Pero lo que más gustó fue el tercer acto, mucho más sobrio, teatral y directo que los anteriores.

Musicalmente 'Thaïs' es una obra compleja, tanto por el colorismo orquestal, propia de la formación postromántica, como por la continua riqueza melódica. A ella sucumbió ayer la Orquesta Sinfónica Ciudad de Oviedo, dirigida por Alain Guingal, que realizó una versión delicada, muy flexible y atractiva. Su presencia fue clara y muy rica, recogiendo esa modernidad instrumental de la obra de Massenet, con una dirección, muy pausada, apoyada en los vientos, muy bien afinados y que tuvieron su punto culminante en la ya citada 'Meditación'.

Los papeles vocales de los protagonistas de esta obra tienen, por otro lado, una dificultad añadida. Su evolución en la escena, donde Athanaël pasa de ser un severo monje a un hombre apasionadamente enamorado y Thaïs se transforman de cortesana cansada a monja mística no sólo escénica, sino también vocal. En este sentido, la voz dulce de Pamela Armstrong, prestada en el Campoamor a Thaïs, mejoró portentosamente en esa transformación, tras haber sonado con poco volumen en las notas graves y mucha belleza en los registros agudos.

Ángel Odena, el barítono español que hace dos años escuchamos en 'Tanhäuser', presentó un Athanaël muy equilibrado vocalmente, con un timbre de barítono muy bien templado. El tenor cubano Reinaldo Macías encarna a un sutil Nicias, muy adecuado en su rol, con momentos estelares como el dúo de amor. Stefano Palatchi realiza un papel inimitable, seguro, muy sólido, como el monje Palemón. Entre los cantantes secundarios caben destacar las bellas vocalizaciones de María José Suárez y Sandra Ferrández y, finalmente, una contundente y sólida actuación de los coros. En general, una versión muy equilibrada de esta obra de Massenet.
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