Si de algo se sentía especialmente orgulloso Eduardo González Menéndez era de haber «erradicado la tuberculosis en Langreo», allá por los años cincuenta, cuando la enfermedad aún causaba estragos entre la población asturiana. Así lo confesó en el último homenaje público recibido, el pasado 14 de junio, cuando fue proclamado como presidente de honor de la Real Academia de Medicina del Principado.
En aquella tarde de reconocimientos entre «colegas y amigos», Eduardo González Menéndez recordó los tiempos en que abandonó Santiago de Compostela, donde entonces residía, para volver a «mi querida Asturias». Lo hizo tras superar una oposición para una plaza en la cuenca del Nalón y cuyo examen fue «más difícil que una cátedra».