
Rafael Blanco Engert viajó desde Alemania, donde trabaja como director de la Clínica Dornbusch en Frakfurt, para concienciar a su auditorio de la necesidad de una buena alimentación y unos hábitos de vida saludables. «La mejor cirugía es la que no se practica». Según explicó, cualquier persona con un índice de masa corporal superior a 30 es considerada obesa y, a partir de ahí, aumentan un 55% la mortalidad respecto a una persona en su peso ideal, un 70% la aparición de enfermedades coronarias, un 75% los derrames cerebrales y un 400% el riesgo de padecer diabetes 'mellitus'. En la lista de problemas que padecen las personas con demasiados kilos de más señaló otros menos conocidos, como la asociación que existe entre la obesidad y determinados carcinomas como el de mama, el endometrio o el colorrectal, entre otros.
Rafael Blanco, que además es jefe de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad del Hospital Begoña, reconoció que el tratamiento de ese problema por parte de los médicos es muy difícil, «porque no podemos controlar a nuestros pacientes las veinticuatro horas». Las cifras hablan por sí solas. El 60% de las personas que se someten a un programa de reducción de peso lo abandonan a las 10 semanas y a las 50 semanas tan sólo permanecen el 10%.
El doctor enumeró diferentes tratamientos quirúrgicos: cirugías restrictivas como el balón intragástrico, una bola blanda y dilatable que se introduce en el estómago para dar sensación de saciedad, y una banda gástrica, que limita la cantidad de alimentos que ingiere el paciente. También hizo referencia a intervenciones más agresivas, «a las que se han de someter pacientes que deben perder 30, 40 y hasta 100 kilos», como son el 'bypass' gástrico y el cruce duodenal. Según dijo, «resultan altamente efectivos pero tienen una tasa de mortalidad de un 5% en el primer año tras la interveción y por este motivo se ha dado un paso atrás y se apuesta más por las cirugías restrictivas».
Además, recordó que tras estas intervenciones es necesario llevar a cabo cirugías reparadoras para evitar infecciones o dermatitis en los pliegues que se producen por el exceso de piel del paciente una vez ha perdido peso ya que el cuerpo queda dismorfo, aunque sin tantas probabilidades de padecer hipertensión o diabetes. «No trabajamos en estética si no en salud», aclaró.





