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Cuestión de química
Nacho Vegas y Cristina Rosenvinge editan el mini-álbum 'Verano fatal', grabado en Gijón en dos semanas. Lo presentan este fin de semana en el festival itinerante Rockdeluxe Weekend
18.10.07 -
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Cuestión de química
COMPLICIDAD. Nacho Vegas y Cristina Rosenvinge comparten fuego después de grabar juntos para el sello independiente Limbo Starr. / E. C.
El gijonés Nacho Vegas, el cantautor independiente más intenso de España, y la veterana Cristina Rosenvinge, cantante pop-rock madrileña de carrera extensa, protagonizan la pareja artística de la temporada. Ambos acaban de grabar el mini-álbum 'Verano fatal', que editará el próximo lunes el sello indie Limbo Starr, y debutarán este fin de semana como banda en el festival itinerante Rockdelux Music Weekend.

En realidad, los hechos sucedieron justamente al revés. Este encuentro artístico tan deseado -según pregonan a los cuatro vientos los protagonistas- fue a instancias de la revista musical Rock de Luxe, que les propuso participar en este festival que recorrerá Madrid, Barcelona, Valencia y Mallorca, y donde comparten cartel con los británicos The Wedding Present, el histórico músico catalán Sisa o a uno de los cantautores de moda, Elvis Perkins.

Desde los primeros ensayos surgió un 'feeling' entre dos músicos nacidos en décadas diferentes y que se admiraban mutuamente, y se planteó la posibilidad de registrar en estudio ese encuentro para la posteridad. Debido a la premura, las siete canciones del minidisco se compusieron y se grabaron en el tiempo récord de dos semanas, una experiencia sólo apta para artistas valientes, pero no exenta de riesgos.

Grabado en Gijón

Ambos se encerraron en el estudio gijonés del músico y productor Xel Pereda y se pusieron a trabajar sobre esbozos, melodías o incluso sobre un simple 'riff' de Nacho, que Cristina vestía con una estrofa y que el otro remataba con un estribillo. Cada uno incorporó a su gente de confianza. El asturiano recurrió a su batería oficial Manu Molina; al bajista Luigi, del grupo Alto Volto, y al propio Xel Pereda, quien ejerce sobre Nacho una especie de trinidad consejero-escudero-madre. Y Cristina Rosenvinge reclutó al teclista Charly Bautista, que la ha acompañado a lo largo de su carrera.

Las limitaciones temporales dejaron un método de trabajo muy expeditivo: ensayo, grabación y a otra cosa mariposa. «Lo que se grababa en un día era tierra quemada, ya no se podía volver a tocar», explicaba ayer Pereda, quien destaca la experiencia como «muy productiva».

Las sesiones de trabajo fueron durísimas, hasta de dieciocho horas por jornada, lo que exigía la máxima concentración. «Lo que se decidiera, teníamos que grabarlo así y ya no había marcha atrás», insiste Pereda, consciente de que el experimento podría haber salido muy mal.

Pero tampoco sería descabellado pensan que esas limitaciones sirvieron como estímulo para un trabajo que, de haberse grabado con más calma, quizás no hubiera funcionado o, en el mejor de los casos, tal vez habría salido más artificial.

Juntos y revueltos, Nacho y Cristina ejercieron como aquellos demiurgos de la antigua Grecia que ayudaban al prójimo a encontrar sus propias Ideas. Y una vez que salían a flote, comenzaba el proceso de vampirización mutua.

Disco espontáneo

Y se ve que la química funcionó en esta pareja, porque les ha salido un disco espontáneo, ecléctico, diferente. Hay canciones excitantes como 'Ayer te vi', donde ella pone en práctica esa forma de cantar susurrante; temas más oscuros como 'Humo', la canción eléctrica 'Verano fatal' que da título al disco o 'Me he perdido', más cercana al universo musical de Vegas, porque fue una de las que el autor tenía más claras.

Y si en la composición reinó el buen rollito, lo de las letras fue un ejercicio de coqueteo solapado, con autorreferencias, frases de conversaciones propias o utilizándose como personajes. «Las letras se retocaron hasta el último día», recuerda el de los mandos, que seguro que echó más de una chispa durante la grabación. Un disco con expectativas.
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