Hoy, en este tercer domingo de octubre, día del Domund, tengo que recordar la negrura de la vida para tantos hombres y mujeres que durante el resto del año los periódicos tratan de tapar. Porque los pobres casi nunca son noticia.
Yo tengo un compañero, José Antonio Alvarez, que durante varios años fue misionero en Guatemala, que ahora intenta en toda la región asturiana, que todos, curas y laicos, jóvenes, niños, y mayores seamos más sensibles a los misioneros y a las misiones durante todo el año, no sólo en este día. Y es que ser pobre en muchos lugares de la tierra es muy duro.
El cartel de este año 2007 nos recuerda que para anunciar a Jesucristo, hay que creer en Dios con la frescura de los niños. Por eso, tú y yo, que vivimos cómodamente en la retaguardia, no podemos cerrar las manos y el corazón para que los pobres sigan a la deriva.
Todos esos hombres y mujeres que «no pintan nada», también son de tu familia y de la mía.





