
MÁSTER
El diseñador y profesor de la Universidad de La Coruña, José Ramón Méndez Salgueiro, fue el encargado de dar una lección inaugural en la que sentó las bases de los contenidos del máster programado por la Universidad de Oviedo. Básicamente, llegó a Avilés para explicar que el diseñador «que quiera pasarse de creativo, que repita eso de es que la empresa no quiere arriesgar, que se dedique a exponer esculturas. Para la creatividad está el arte. Aquí hay que conjugar otros factores, y el producto tiene que ser rentable».
Y ahí entra la historia de los pantalones de talle bajo. «La moda surge en los grupos de jóvenes marginales de las grandes ciudades de Estados Unidos. Ese modo de llevar los pantalones se transmite a través del cine y los videoclips, y llega a todos los jóvenes del mundo despojado de los valores negativos. Es evidente que nuestros estudiantes no son gángsteres», cuenta. Pero, ¿qué hace que esa moda, y no otra, triunfe? «El subconsciente colectivo», responde Méndez Salgueiro. «El primero en llevar así los pantalones fue Cantinflas, un cómico que además tenía en ese modo de llevar la ropa un componente de crítica social. Es un referente positivo que está ahí». Eso, prosigue el profesor, convierte al personaje de Mario Moreno en un claro candidato a auténtico generador de tendencia que fragua en moda cincuenta años después.
Pero a ello se añaden otros factores. «La moda es un sector muy cerrado, y entre las empresas hay mucha comunicación. Está claro que se ponen de acuerdo sobre los colores, los tejidos, los cortes que se van a vender en cada temporada», afirma ante el componente que acaba por apuntalar, y hacer rentable, el estilo que se inventan los delincuentes callejeros norteamericanos quince años atrás.
Y de eso va el máster: de aprender a conjugar muchos factores para gestionar el diseño industrial, para hacer productos no sólo bellos, sino que triunfen en el mercado. Por ejemplo, continúa Méndez Salgueiro, «puedes diseñar el televisor más bonito del mundo, pero si lo haces con tubo catódico en lugar de plano, no vas a vender ni uno, aunque sea el mejor».
Al final, lo que importa en el diseño industrial es que dé dinero, recalca el profesor. «Hay que tener en cuenta que cualquier proyecto que sea un producto nuevo requiere inversiones enormes. Es imposible poner en el mercado un producto simple, por ejemplo una silla, con una inversión por debajo de cinco o seis millones de euros», comenta.
Hueco laboral
«Por eso todo tiene que estar debidamente apuntalado. No es arte, es un contexto empresarial», explicó acerca del hueco que podrán cubrir los gestores de diseño industrial.
El máster abierto por Méndez Salgueiro fue ayer inaugurado por la alcaldesa, Pilar Varela, y por Pedro Álvarez, del vicerrectorado de Innovación de la Universidad de Oviedo. Con ellos estuvieron también representantes de la fundación asturiana Prodintec, dedicada al diseño industrial, y de la Escuela Superior de Arte.





