
Los dos grandes empresarios sidreros, cosecheros y elaboradores a la vez, comparten una filosofía similar de hacia dónde deben encaminar sus pasos para mantener su privilegiada posición en el mercado asturiano. Ambos apuestan por preservar la tradición familiar, diversificar producción y se han sometido a unos estándares de calidad más exigentes para sacar nuevas marcas al mercado.
«Se controla todo el proceso de elaboración desde el origen hasta que llega al consumidor, para garantizar la trazabilidad agroalimentaria de la sidra y generar confianza en esta época de 'vacas locas' y gripes aviares», explica Lucía Menéndez, de la bodega Menéndez.
También coinciden en que los llagares de sidra tienen que recuperar la ventaja que les llevan las bodegas de vino y abrirse cada vez más al turismo. «Esa es la mejor de las publicidades», defiende Gerardo Menéndez, quien pretende ampliar para el próximo año la capacidad y superficie de sus instalaciones de Fano -con 3.000 metros cuadrados más de nave-, para habilitar una sala de espichas e iniciar rutas turísticas guiadas para mostrar su proceso industrial y sus pomaradas. Este servicio ya lo hace desde hace cuatro años Trabanco en su restaurante vinculándolo a espichas.
Menéndez Trabanco produce en estos momentos sidra natural tradicional (60%), sidra de manzana seleccionada (35%), sidra espumosa, brut nature de denominación de origen y vinagre (5%). Considera que la cosecha de manzana de este año pese a no ser muy abundante, es buena, «pero aún le faltan horas de sol».





