CRISTINA FERNÁNDEZ
PROFESORA DE CALDERERÍA

-¿Los alumnos se han sorprendido al ver a dos mujeres impartiendo estas clases?
-La verdad es que sí. Se sorprendieron mucho. De hecho, al principio se asustaron y todo, porque me imagino que esperaban que fuéramos hombres. Lo que pasa es que al final no les queda más remedio que aceptarlo y luego se acostumbran.
-¿Son muchos alumnos?
-Hemos empezado el curso con 30 chicos, y los dividimos en dos grupos. Las clases son completamente teóricas. Se imparten de lunes a viernes, de ocho de la mañana a dos de la tarde.
-¿Ninguna mujer?
-No, este año no ha habido ninguna chica. Aunque, si digo la verdad, no es habitual que haya mujeres apuntadas en este tipo de cursos de formación profesional.
-Un ejemplo lo fue usted.
-Sí, mi compañera y yo somos un ejemplo de que alguna todavía hay que no encuentra reparos en adentrarse en este sector.
-¿Qué aprenden los chicos en sus clases?
-A soldar. Les enseñamos cómo tienen que tratar el acero. Una vez que acaben el curso, que dura dos años, los alumnos estarán preparados para hacer cualquier montaje de acero, ya sea una nave, un depósito o cualquier estructura.
-¿Entre tanto mundo de hombres, le queda tiempo para dedicarse a sí misma?
-Sí. Cuando tengo tiempo libre siempre hago lo mismo: diseño joyas. Es una afición que tengo desde hace mucho tiempo y que me entretiene muchísimo.
-¿También utiliza el acero?
-Uso lo que tenga en ese momento a mano. Puede ser aluminio, cuero... Lo que sea.
-¿En qué se inspira?
-No pienso. Hago lo primero que me viene a la cabeza y eso depende del momento que tenga. Luego, o me las quedo o las regalo.





