La 'marea azul', como se conoce a la afición de Fernando Alonso, festejó en Oviedo como mal menor la victoria y el título mundial de Kimi Raikkonen en Interlagos. Miles de aficionados se concentraron tras la carrera en la Plaza de América, en cuya fuente incluso muchos celebraron con un baño la no victoria de Lewis Hamilton.
La ciudad estuvo paralizada durante la tarde. Nadie se perdió la carrera, a pesar de que todos sabían que era muy difícil pero había una gran esperanza en el milagro. Al final, con el banderazo que daba el campeonato a Raikkonen, empezaron a estallar voladores en muchos puntos de Oviedo.
Desde primera hora de la tarde la 'marea azul' se fue concentrando en el Auditorio Príncipe Felipe, con sus 2.400 entradas agotadas desde hacía varios días. El color azul lo inundaba y un gran rugido se produjo cuando Lewis Hamilton, en un error de pilotaje que le costó el campeonato, se vio relegado a las últimas posiciones.
Los que no cabían en el Auditorio y prefirieron ver la carrera en la calle se concentraron en la Plaza de América, punto neurálgico de las celebraciones de los dos campeonatos logrados por Fernando Alonso. Allí había varias decenas de pancartas de apoyo al ídolo local, entre las que predominaban mensajes que expresaban el apoyo a Alonso, fuera cual fuera el resultado final. Muchas de las pancartas contenían cierta resignación o, al menos, el reconocimiento a lo difícil que era que pudiera cumplirse el gran sueño de lograr el título del mundo por tercera vez consecutiva.
Si bien predominaba de forma abrumadora el color azul de la bandera de Asturias y de Oviedo, no faltaban abundantes enseñas de España y de otras comunidades autónomas, sobre todo de Euskadi, Castilla-León, Cataluña y Galicia.
Al final, Alonso no ganó, pero todos celebraron que tampoco lo hiciera el rival de su propio equipo. Se celebró como propia la victoria de Raikkonen, lo que da una idea bastante aproximada del modo en el que el joven piloto británico Hamilton se convirtió en el enemigo número uno de la 'marea azul'.