«La mi larga existencia creo que tien bastante que ver con el hecho de que no la haya palmao'.
O:
«El mi espíritu ye más joven que'l tuyu, pero tengo tal carrau de años encima'l cuerpu que si mañana leo la mi esquela en el periódicu, ni me inmutaría».
Otra pregunta que lo suele sacar de sus casillas habitualmente tranquilas, es la de quienes manifiestan sentir curiosidad por su actitud ante la inminencia de la muerte. En tales ocasiones -y en otras muchas- suele hacer gala de su sentido del humor negro:
«La muerte no me pillará de sorpresa porque llevo una buena temporada dándome baños de lodo pa acostumbráme a estar bajo tierra».
O como cuando se encontraba en el cementerio de Ceares, en el entierro de un amigo generacional, y uno de los presentes comenzó a proferir tópicos sin tregua:
«...¿No somos nada!... ¿Ayer mismo hablé con él y se encontraba bárbaramente!... ¿No me puedo creer que haya muerto!...».
Ante la última exclamación, Adriano puso fin a la letanía:
«A lo mejor lleves razón y no la palmó, bobín, pero el casu ye que lu acaben de enterrar. ¿Habrá llevao el móvil?».
No obstante, el viejo playu anda últimamente algo preocupado porque recuerda que hace unos años su amiga Sibila lo obsequió con una sesión de quiromancia, durante la cual la bruja del Natahoyo se quedó muy sorprendida al comprobar que la raya de la vida de Adriano no finalizaba en su mano y hubo de buscar su prolongación en la planta del pie. Vaticinó la obviedad de una larguísima existencia, y hasta se atrevió a predecir que se prolongaría hasta que el Sporting estuviera en Primera.
Mareaxes confía en el error de Sibila. Y ya está más tranquilo porque al menos otra temporada del oriciu será en cualquier caso anterior al plazo de la profecía. Su lema, eso sí, sigue en pie:
«Palmála joven... pero lo más tarde posible».





