
DISCOGRAFÍA
-¿Cómo surge 'Proyecto Miño'?
-Me lo solicitó Ivo Martins, director del Festival de Guimaraes. Y me pareció un gran reto. Transportar las músicas tradicionales del norte de Portugal y Galicia al lenguaje del jazz europeo contemporáneo. Ya lo hemos llevado por Portugal y Europa. A España lo trajimos más tarde, en 2005. Y mantendremos ese repertorio de temas folclóricos adaptados al jazz, junto a piezas originales que exploran esa misma esencia -como la 'Suite del Miño´ o la que dedicamos a una cantiga de Alfonso X el Sabio-, hasta que grabemos el disco y pasemos página. O la ampliemos.
-¿En qué punto se enlazan las composiciones tradicionales galaico-portuguesas y la inspiración del jazz?
-Depende de cada tema. Pero siempre hay un punto de encuentro, no sólo en este caso, sino en todas las músicas.
-A juzgar por la profusión de festivales de jazz que en estos tiempos se propagan por España, ¿podría hablarse de una época dorada del jazz en nuestro país?
-Desde el punto de vista de los músicos, sí. Hay más y mejores que hace una década. Sin embargo, la dificultad está precisamente en poder presentar los trabajos que están haciendo en los distintos festivales.
-¿Quiere decir que se presta mayor atención al jazz que viene de fuera?
-Por supuesto. No es ningún secreto. Que un artista español pueda acudir a más de un festival para poder mostrar su obra es bastante excepcional. Se contrata, sobre todo, a los jazzistas procedentes de Estados Unidos -repitiendo muchas veces los nombres- y se olvida que el jazz más creativo se está haciendo ahora en Europa.
-A qué cree que obedece esa tendencia en las programaciones?
-Hay varias causas. Falta información y los festivales no se entienden como una cita festiva donde mostrar lo que está sucediendo en la actualidad en este panorama musical. Se acude al terreno comercial y a las grandes casas discográficas. No ocurre igual en otros lugares. Yo he estado la semana pasada en el Festival de Perpignan, y allí se responde a esas consideraciones. Aquí nos conformamos con llenar el patio de butacas. Es la maraña del consumo.
-¿Pierde esencias el jazz contemporáneo por su fusión con otras músicas?
-No, no. Es como si en pintura nos hubiéramos quedado en el realismo. No habríamos crecido. Con el jazz sucede lo mismo. Además, el jazz nace de la fusión, de la música tradicional del Oeste de África unida a la cultura europea que emigró a América.
-Ya que habla de pintura, Picasso decía que no buscaba, que encontraba. ¿Cuando compone, usted busca o encuentra?
-Primero, buscas, y después puedes encontrar cosas sorprendentes que no esperabas. Picasso tenía razón. A veces, tienes muy marcado lo que persigues, pero en muchas ocasiones descubres hallazgos que ni siquiera habías imaginado.
-¿La improvisación en el jazz es una cuerda habitual o se exagera al respecto?
-La improvisación está en las bases del jazz. En general, es el motor de la creación. Pero lo mismo hacían Mozart o Bach, que eran grandes improvisadores. Eso se fue perdiendo por un exceso de academicismo. Y la academia te da herramientas, pero puede volverte muy mecánico.
-En su obra 'Tusitala' se declaraba un músico que contaba historias...
-Es mi modo de plantear la música. Cada tema es un pequeño cuento, que no se expresa de un modo directo, sino que sugiere sensaciones al espectador.





