
«El sábado ya empezó a correrse la voz de que andaba por aquí», explica Bárcena. Al parecer, este mismo fin de semana M. G. V. volvió a buscar techo por su propia cuenta y estuvo durmiendo durante varias horas en una panera del barrio de San Pelayo. «Se metió allí y cuando se fue lo dejó todo patas arriba». La representante vecinal asegura que, lejos de esconderse, el hombre apenas se inmuta cuando ve que los vecinos advierten su presencia. «Va por ahí como si fuera un paseante más, encima con chulería. Cuando le vimos nos extrañaba que fuera él, pero tuvo la cara dura de saludar desde lejos».
Caldones es una de las cinco parroquias donde se denunciaron presuntos robos de M. G. V., siempre con el mismo procedimiento. Por las noches y, tras romper el cristal de una ventana, accedía al interior de las viviendas donde se apoderaba de alimentos y pequeños objetos como linternas, cámaras de fotos y mochilas. En varias ocasiones llegó a pernoctar en la casa en la que robaba. «No es que haya asesinado a nadie, y en teoría no es peligroso, pero ahora volveremos a estar muy intranquilos en nuestras casas», asegura la presidenta de los vecinos. Frente a «lo increíble de las leyes», Bárcena destaca la actitud de la Guardia Civil: «Dicen que estarán vigilando, pero este hombre se las sabe todas. Es su zona y cuando se escapa por ahí es imposible atraparle».
También mostraron su disgusto los vecinos de Santurio, por boca de su presidente vecinal José Luis Pérez. «Cuando lo detuvieron ya temí que lo soltarían al día siguiente. No es normal, cuando ya era reincidente y también en esta misma zona». Celestino Álvarez, presidente de la federación Les Caseríes, señaló que «aunque no queremos que se cree mucha alarma, está claro que la situación no gusta a nadie. Nos obliga a estar con los ojos bien abiertos»





