
-Su misión es divulgar el mensaje del Holocausto.
-Sí, visito colegios y universidades de todo el mundo para llevar el mensaje de lo que fue el Holocausto y también para captar profesores que pudieran estar interesados en esa parte de la Historia. Todos los años son muchos los docentes que durante un año estudian con nosotros. Además tratamos de facilitar material didáctico a los centros que lo necesiten.
-Y ¿cómo es la respuesta?, ¿No cree que una asignatura pendiente es precisamente la ausencia del exterminio judío en los programas educativos?
-Sí, de hecho el gran problema de la educación es que muchos colegios carecen de información. Apenas se estudia porque es un tema que estuvo muchos años callado. Nosotros, desde Yad Vashem, tenemos como objetivo abrir cátedras del Holocausto. Contamos con un centro de investigación muy potente que almacena más de sesenta millones de documentos auténticos y con una biblioteca con 90.000 libros y todo eso tiene como objetivo llevar un mensaje de paz para que hechos como los acaecidos en la segunda guerra mundial no vuelvan a ocurrir.
-¿Qué ha significado para ustedes el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia?
-La importancia del galardón y su relevancia nos emociona porque luchamos por mantener la memoria histórica de los supervivientes, de quienes volvieron del infierno y nos expresan el testimonio de aquellos tiempos. Yo siempre digo que quien ha estado en el campo (de concentración) jamás ha salido de él. A unos les pesa la responsabilidad de contar su testimonio y otros no encuentran las palabras para expresar su pesar y este premio habla por todos ellos.
-El viernes, durante la entrega de los galardones, varios supervivientes de los campos de exterminios nazis subirán al escenario del Campoamor para recoger el galardón. ¿En qué pensará usted?
-En ellos, en el desfile de esos hombres y mujeres con los números tatuados en sus brazos ante ese público tan maravilloso. Esa imagen es el mejor mensaje que Oviedo puede dar al mundo. Yo creo que me sentiré feliz y triste al mismo tiempo porque una de la mujeres que estará ahí recientemente le dijo a su hijo que no quería seguir viviendo, que su vida ya no tenía sentido después de tanto sufrimiento y cuando fue invitada a participar en este acto dijo: «Esta es mi misión, ahora sí quiero seguir viviendo».
Los odios
-Con el premio de las letras al escritor Amos Oz, los hebreos van a estar muy presentes...
-Sí, es difícil de explicar. No creo que sea algo premeditado. Pero también pienso que el premio llega en un momento muy oportuno porque por desgracia las olas de antisemitismo aún están vigentes. El presidente de Irán, por ejemplo, como otros muchos, niegan que el Holocausto haya existido y qué mejor prueba que el eco que nos da este premio y los supervivientes saludando a los Príncipes de Asturias para demostrar que fue real.
-Usted, como judía, habrá reflexionado mucho sobre ese odio que despiertan los judíos por el mero hecho de serlo, ¿a qué cree que se debe su vigencia?
-Es muy anterior a la segunda guerra mundial. Sólo puedo decir que quien odia se odia a sí mismo. Lo peor que le puede pasar a una persona o a un pueblo es vivir en la oscuridad, el frío y la ignorancia. Con eso lo digo todo.
-A Perla Hazan no le tocó vivir el Holocausto en primera persona, ni siquiera su familia padeció el horror de los guetos, ¿de dónde viene su compromiso?
-Nací en Melilla en el seno de una familia judía. Para recordar mi primer contacto con el Holocausto tengo que remontarme a cuando tenía cinco años. Una de mis tías bordaba en las vestimentas del 'sefer tora', los cinco libros de la Ley, las palabras 'por los niños del gueto de Varsovia' y yo pregunté quiénes eran. Mi tía me explicó que esos pequeños habían sufrido mucho en una guerra y jamás he podido olvidarlo. Todos los días me acuerdo de los seis millones de víctimas... pero ese millón y medio de niños muertos me puede.







