
Campillo no oculta su decepción con la institución a la que perteneció toda la vida: «La Guardia Civil no se ha portado bien conmigo». Desde que cogió la baja sólo, asegura, recibió amenazas y nadie le preguntó si quería volver a trabajar. Las únicas propuestas que recibió eran invitaciones para marcharse de Asturias y empezar una nueva vida. «No podía aceptar -añade-. Tenía aquí mi vida y no podía renunciar a ella».
Para explicar su salida de la actividad policial, Campillo habla claro sobre sus superiores: «A mi me tiraron por el balcón del patio de luces para escabullirse de sus responsabilidades». Si en lugar de haber denunciado los hechos delictivos sobre la trama de Avilés hubiera cometido un delito, «probablemente no hubiera tenido tantos problemas dentro del cuerpo».
La Benemérita le retira por un grado de minusvalía del 25%. Esta decisión ha obligado a Jesús Campillo a presentar un recurso para obtener una pensión «decente». Para conseguir este objetivo, el ex agente acudió a la Seguridad Social para pasar otro examen médico, que determinó su grado de minusvalía en el 16%. «Así no se puede jubilar a nadie», replica.
Apoyo de los compañeros
En todo este tiempo que ha pasado desde que denunció la trama asturiana del 11-M, Campillo admite que no ha tenido el respaldo de los mandos. Sin embargo, no le ha faltado el respeto y el cariño de la escala básica, que ha sido siempre una «segunda familia» para él. El resquemor que destilan sus manifestaciones hacia sus superiores no deja lugar a la duda. Campillo no cree que haya pagado los platos rotos. «A mí me han hecho pagar la vajilla entera», ironiza. Nadie más que él, asegura, ha pagado un precio dentro del Cuerpo por la investigación de la trama asturiana. Algunos mandos han sido trasladados a otros destinos e incluso, en algunos casos, recibieron un ascenso. De nada sirvió, a su juicio, la investigación de la comisión del 11-M, como tampoco parece que vaya a clarificar las cosas la sentencia que se hará pública el próximo miércoles sobre los 28 imputados por el atentado. «Creo que va a ser una sentencia liviana», afirma cuando se le pregunta sobre lo que espera del dictamen del Tribunal. Ahora, abre una nueva etapa en su vida. Un camino que todavía no sabe qué dirección tomará, pero tiene claro que ya es un civil y, por tanto, ahora vivirá «mucho más tranquilo».





