Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Local

AL AIRE
Trío
27.10.07 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
SON los tres personajes más longevos de entre los que acostumbran a protagonizar estas líneas, los mismos que con su presencia convierten la columna en un desfile de carrozas. Se trata de Nolo Vasllenar, Monchu el Liras y Adriano Mareaxes, cuyas actitudes ante el amor responden, respectivamente, a sus caracteres: procaz, lírico y melancólico.

El primero es un adicto al viagra y a los viajes a Benidorm en pos de sesentonas también ávidas de aventuras episódicas. O sea, que a Nolo le suena a chino aquel consejo en verso de los hermanos Álvarez Quintero que reza tal que así:

«No se meta en amores / quien se halle viejo; / déjese de conquistas / y no presuma / quien el asma comparte / con el reúma. / Porque es amor un fruto / sabroso y tierno, / mas en la primavera, / no en el invierno».

Por su parte, Monchu anda todo el santo día quejicoso por mor de los amores idos, que fueron pocos. Lo suele hacer a través de la sentida interpretación de aquesta copla:

«Entre azules cortinas y verdes rejas, / estaban dos amantes dándose quejas, / y se decían / que sólo con la muerte se olvidarían. / Y eso no es cierto, / porque se han olvidado y no se han muerto».

Finalmente, es el propio Mareaxes el narrador de una anécdota demostrativa de su carácter:

«Jamás olvidaré a la primera novia, Rosina, una moza de Candás guapa y lista a rabiar que trabayaba de cigarrera en la Fábrica de Tabacos. Por ella bebía los vientos y -todo hay que decílo- bastantes porrones de galipote.

Al atardecer de un día otoñal del añu 1942, estábamos en la estación del ferrocarril, embelesaos e impregnaos de la carbonilla que soltaba la máquina de vapor, cuando de pronto el tren comenzó a movése. Corrimos tras él, y entre el humo logré poner un pie en el estribu de la puerta del últimu vagón y subir a bordo.

Al poco, el convoy cogió carrerilla, fue levantándose la niebla vaporosa y entonces comprobé que sólo yo había cogido el tren. Al fondo, la probe Rosina hacíame gestos raros que poco después interpreté: ¿era ella la que marchaba pa Candás!... Bueno, el caso ye que aproveché el viaje y tomé en la guapa villa unes sardines y unes botelles de sidra».
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS