Desconozco si Mariano Rajoy tiene un primo de Zumosol, pero lo que sí tiene es un primo muy cachondo, que lo lleva a la senda del despropósito sin reparar en gastos. Sabemos, además, que el primo es científico, aunque no mucho, porque confunde climatología con meteorología y se queda tan ancho. Y sabemos que tiene diez amigos científicos igual de cachondos, que parecen ponerse de acuerdo para poner en un brete al bueno de Rajoy. Lo triste es que, una vez tirado al charco a Mariano, éste, lejos de tratar de salir de él por la regla de «dije digo en vez diego», parece encantado retozando como un gorrino y reafirmándose en su exposición de que el cambio climático no es una prioridad. Cierto: cuando acabemos con nuestro planeta, podemos subirnos en nuestros platillos volantes a jugar en otro planeta por contaminar.
Puede que tengamos planeta Tierra para rato, pero, al ritmo que vivimos, hacemos la cuenta atrás en años y no en siglos. Sorprende que Mariano Rajoy haya 'picado' en un tema que es un caramelo para los políticos, que les permite ponerse medallas por reciclar papel y llenarse la boca de «desarrollos sostenibles» y «ahorros energéticos», aunque luego sean los edificios públicos los que menos reciclan y más abusen del aire acondicionado y la calefacción.
Y sorprende que se le haya ocurrido decir todo eso en el momento más inoportuno, con Al Gore de gira por España recibiendo loas y vivas a la madre que lo parió. Mariano sabrá por qué lo ha hecho: a lo mejor, el 'primo' es él.





