
«He llorado, porque el himno de los mártires es impresionante y la homilía extraordinaria, de un gran sentimiento», reconocía aún con la emoción a flor de piel y convencida de que la subida a los altares de su tío le ha servido a ella y al resto de personas que viajaban en su grupo para «salir más confortados en la fe que teníamos». «Al tener un tío beato se siente uno como con más fortaleza, con más ánimos para seguir la vida y luchar». Ella acudió a Roma con una expedición organizada por los dominicos desde Barcelona, de modo que apenas ha tenido relación con otros asturianos, aunque ayer tuvo oportunidad de conocer a la familia de Otilia Alonso, una monja que fue asesinada con 19 años y que ya es beata. «Me ha dado mucha alegría conocer a sus hermanas», reconocía María Oliva. Allí estaban los ocho hermanos de la religiosa, entre ellos Benjamín, precisamente el pequeño, que con 65 años lleva media vida, desde 1956 en que se inició la causa, esperando este día: «Ha sido fabuloso», decía contento.
Dos quejas
Era difícil coincidir en medio de un maremágnum de peregrinos llegados de todo el país, pero lo cierto es que la plaza de San Pedro se dejaron ver algunas banderas asturianas. Fueron decenas de personas las que no quisieron perderse la ceremonia, entre ellos, José Ramón Prieto Aza, sobrino de Celestino José Alonso Villar, nacido en Margolles (Cangas de Onís) en 1862 y muerto en agosto de 1936. Tenía José Ramón en Roma una sensación agridulce. Estaba contento y emocionado, pero tenía dos pegas que poner a la ceremonia: la primera, la ausencia del papa Benedicto XVI en el acto, ya que sólo se encarga de realizar canonizaciones. «El Papa debería beatificar y no delegar y salir sólo al Ángelus», decía dolido. Y lo mismo le ocurría a la hora de destacar la ausencia de algún representante de la Casa del Rey.
Al margen de estos dos puntos negros, el resto fue, a su juicio, «fabuloso», con una magnífica organización y con una misa muy emotiva en castellano. «Oír repetir su nombre varias veces emociona», decía en referencia al padre Celestino. Eso sí, José Ramón no lloró, porque «domino bastante bien las emociones», aunque en la amplia delegación familiar que le acompaña a más de uno se le escapó una lágrima.
Habrá más lágrimas, a buen seguro, en la misa de acción de gracias que se celebrará en la Catedral de Oviedo en reconocimiento a los nuevos beatos. El arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, aseguraba ayer desde Roma que la eucaristía será previsiblemente el 4 de noviembre, aunque la fecha aún no está cerrada por completo.





