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Los arqueólogos buscan en Tabacalera nuevos vestigios del pasado romano de Gijón
El equipo coordinado por Miguel Ángel López inició las excavaciones en la antigua iglesia del convento Las catas serán manuales, durarán en una primera campaña cuatro meses y tendrán un coste de 225.000 euros

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Los arqueólogos buscan en Tabacalera nuevos vestigios del pasado romano de Gijón
EXCAVACIÓN. Dos arqueólogas trabajan en el suelo de la iglesia conventual, del siglo XVII. / JOSÉ SIMAL
Los arqueólogos ya están dentro de los muros de Tabacalera. Las excavaciones para descubrir los secretos que atesora bajo su suelo la vieja fábrica de tabacos han comenzado en la iglesia original del convento de las Agustinas Recoletas, del siglo XVII, con EL COMERCIO como testigo.

Según explica el soriano Miguel Ángel López, coordinador de campo de Terra Arqueos, el objetivo de las prospecciones es conocer «la potencialidad arqueológica» del enorme solar de Cimadevilla, que nunca antes había sido estudiada. Por el privilegiado emplazamiento del antiguo edificio conventual, muy próximo a la antigua muralla que protegía la ciudad, los expertos tienen mucha ilusión por encontrar nuevos restos del pasado romano de Gijón.

El sueño de la empresa que desarrollará el proyecto arqueológico de Tabacalera sería encontrar vestigios sobre el primitivo foro romano de Gijón, el lugar donde se desarrollaba la vida pública de los moradores de aquella época. Otros descubrimientos excepcionales serían, explica López, quien ha trabajado como restaurador en Egipto, «poder hallar restos de un teatro o de una basílica».

Con anterioridad a 1680, fecha en que se terminó la construcción del convento de las Agustinas, el solar fue durante siglos un descampado que subía hasta el Cerro de Santa Catalina. El principal problema es que está en una zona elevada que ha sufrido muchas modificaciones a lo largo del tiempo. Los expertos temen que los materiales originales de la etapa romana «hayan podido quedar arrasados» para usarse en construcciones medievales y bajomedievales ya desaparecidas, pero que han configurado el entramado de callejuelas de Cimadevilla que ha llegado hasta nuestros días.

En cualquier caso, el trabajo de campo será sistemático, afectará a todo el solar de la vieja fábrica y se prolongará en una primera campaña de excavaciones durante cuatro meses. En función de la relevancia de los hallazgos, se decidirá sobre la ampliación en el tiempo de las catas.

Los trabajos preliminares en el interior de la fábrica de tabacos han consistido hasta el momento en el levantamiento de soleras de hormigón con la ayuda de diferente maquinaria. También está ya al descubierto el empedrado original del siglo XVII del antiguo templo del convento después de retirarse el entarimado.

Posibles enterramientos

Los sondeos en el sedimento arqueológico se realizarán todos de forma manual para no dañar los posibles restos que pudieran estar enterrados y poder, además, restituir más adelante de forma fidedigna todo lo que haya sido alterado.

En alguno de los sustratos que se van a estudiar -las catas llegarán hasta una profundidad de metro o metro y medio- los arqueólogos no descartan encontrar enterramientos asociados a la comunidad de religiosas que vivió en el convento hasta su desamortización a mediados del siglo XIX.

Según explica Miguel Ángel López, las inhumaciones dentro y fuera de las iglesias son una tradición que venía dándose desde la época visigoda en España.

Las excavaciones arqueológicas han arrancado en la antigua iglesia conventual, pero también se sondeará el claustro y el resto de dependencias del edificio religioso reconvertido en fábrica de tabacos. En el exterior del inmueble hay menores probabilidades de hallar restos, pero se mirará sobre todo en la parte más baja del solar, en los alrededores de la plaza de Arturo Arias.

El equipo que ha contratado el Ayuntamiento de Gijón para resolver los enigmas que esconde el solar de Tabacalera está integrado por doce obreros y ocho técnicos entre arqueólogos y restauradores. Se trata del mismo equipo que ha participado en el montaje del mosaico de Veranes y en la consolidación del castro de Chao, en Grandas de Salime.

La dirección científica del proyecto arqueológico de Cimadevilla recae en Carmen Fernández Ochoa, catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid, y Fernando Gil. El presupuesto de adjudicación asciende a 225.650 euros.

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