
Sus compañeros del cursillo de soldadura, en el Centro de Formación Ocupacional de CC OO (Forem), le vieron por última vez por culpa del puente de Todos los Santos el pasado martes. «Le vimos bien», recuerdan sin poder dar crédito al fulminante desenlace que tuvo pocos días después. El grupo formativo está integrado por una docena de jóvenes y un monitor. Cristian era conocido familiarmente por todos como Prado.
Rubén Fernández Crespo, amigo de la infancia del barrio y la persona que más relación tenía con él en la nave industrial de Porceyo, era ayer la viva imagen de la desolación. Por su estrecho contacto con el fallecido este adolescente de 17 años acudió con sus padres ya el pasado fin de semana a un centro de salud. Allí pidió la receta del antibiótico que se toma por vía oral y previene el desarrollo del mal meningocócico. «He pasado tanto tiempo a su lado que no asimilo que no le vaya a volver a ver más. El viernes cuando escuché la sirena de la UVI, porque vivo a su lado, me dio un vuelco el corazón. Ahora me da todo igual, como si llego a estar contagiado, porque Cristian ya no está», lamenta.
Durante el descanso que los de soldadura hacen todos los días a las 10.30 horas Rubén era el único de su clase que ya se había medicado de forma preventiva ante un posible contagio de la dañina bacteria que parece que presuntamente está detrás de dos prematuras muertes en Gijón en menos de un mes.
Jorge García, otro de los compañeros de soldadura del malogrado joven, describía de forma gráfica el sentir de la clase tras enterarse de lo sucedido: «Estamos como un flan, porque esta situación nos sobrepasa». Cerca de él, Quique Suárez y David Martínez, de la misma clase de Cristian, fumaban compulsivamente, decían, «para aliviar tensiones, porque no tenemos el cuerpo ni la cabeza para nada».
«Cada uno tenía su cabina individual con aspiración, pero solíamos coincidir todos en el descanso y era normal que uno pudiera entrar en la cabina del otro para charlar», explicaron.
Pasó delante de ellos la furgoneta con el reparto diario de bocadillos y ni se inmutaron. En esas estaban cuando fueron reclamados por su monitor. Un técnico de la Consejería de Salud había llegado para tranquilizarles y para decirles cómo actuar ante la más mínima sospecha de contagio.
Reunidos con cursillistas del resto de clases, el grupo de Cristian recibió una circular con membrete del Principado con el principio activo cuya receta debían pedir a su médico de cabecera más cercano: «ciprofloxacina». El prospecto adjunto explicaba que se debía tomar una sola dosis de 500 miligramos en adultos y mayores de 15 años.
Por la nave de soldadura pasaron también a saludar, de forma muy emotiva, a los compañeros de taller de Cristian, el padre y la hermana del joven fallecido.
Homenaje póstumo
En el Club Natación Santa Olaya la información tranquilizadora a los inquietos padres de los aproximadamente 25 niños que compartían clase de kárate con Cristian se la dio el médico de la entidad. Según reconocían ayer por la tarde los progenitores, la mayoría de ellos había optado por aplicar la profilaxis a sus hijos, aunque muchos apenas habían tenido roce con el adolescente en los días anteriores a su muerte. Otros socios del Santa Olaya también se automedicaron por aprensión
El profesor de Cristian, Ricardo García, anunció para hoy, a las 20.10 horas, un último homenaje al joven karateka. Será «un acto breve y emotivo» que se desarrollará en el gimnasio Azteca y en el que se le hará entrega póstuma del primer dan.





