
Los hechos transcurrieron durante dos horas y media, pero a E. G. A. el tiempo se le volvió una eternidad. Tres ladrones, dos con deje argentino y un tercero con acento español, se colaron por la ventana de su cocina, que estaba abierta, para que saliera el humo de los cigarrillos fuera, aunque con la persiana bajada.
La banda de delincuentes, armada con pistolas y cuchillos, sorprendió al empresario y su pareja en el salón de la casa. Allí los asaltantes les apuntaron con sus armas de fuego, les intimidaron con duras amenazas verbales e incluso violencia física, para «hacerse con las riendas de la situación».
El empresario de Jove violentado junto a su familia cree que los ladrones se llevaron una decepción al entrar en la casa, que además de ser el domicilio familiar de E. G. A., alberga las oficinas de la empresa de transporte que éste dirige. «Ellos no paraban de preguntar por la caja fuerte, cosa que aquí no hay», relata el empresario, quien en ningún momento pudo ver el rostro de sus tres captores. «Llevaban la cara tapada con algo parecido a pasamontañas», recuerda.
Desesperados por no encontrar suficiente botín, los delincuentes se llevaron diversos objetos que consideraron de valor como relojes, alguna joya, móviles y ropa. También las huchas de los críos. «De los aparatos electrónicos -reproductor de DVD, ordenador y torre musical- no se llevaron nada», apunta el agredido. Después cogieron las tarjetas de créditos y se llevaron a su novia en el coche de él a sacar cantidades de dinero no superiores a 300 euros por diversos cajeros de la ciudad.
Respecto a sus hijos, E. G. A. afirma que «los respetaron al máximo». «No querían hacerles daño y a nosotros tampoco. Cerraron su puerta y estuvieron pendientes de que no se despertasen», recuerda.





