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El sexto sentido
06.11.07 -

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EL sexo sin amor es una experiencia vacía, pero, como experiencia vacía, es de las mejores» (Woody Allen). No crean, pues me fastidia citar a la impertérrita estatua de bronce que amaga pasear por las calles de Oviedo sin llegar nunca a conseguirlo, como me jode hacer tal juego de palabras con la conocida película de Hollywood a modo de título para un 'remake porno'. No consigo ser más original; lo siento, me mantengo en los tópicos que nos llegan desde el otro lado del Atlántico. América es como un caballo salvaje en proceso de doma. El sexo es como un caballo salvaje, aún por domesticar. A nuestra generación, la que no llegó al verano de las flores ni sabía qué pasaba en París hasta que lo leímos en los libros de Historia, nos enseñaron la culpa como domadora de caballos desbocados y la represión como herramienta para la alienación de impulsos biológicos desconocidos. A veces, practicamos el sexo sin sentido, otras con todo el sentido que somos capaces de encontrar. Los taoístas y otros filósofos de Oriente estudiaron durante siglos la relación entre el sexo y la parte espiritual del hombre, sí, sólo del hombre, practicando la retención del semen y otros ejercicios para domesticar nuestra naturaleza salvaje. Hace años, leí en un libro de éstos, de psicólogos transpersonales o nueva era, que decía que el hombre piensa en el sexo cada tres minutos y la mujer cada cinco. Y, puestos a citar (parece que la cosa va por ahí), Napoleón dijo que cinco horas son suficientes para dormir en un hombre que se precie, pero que la mujer necesita al menos siete Según esta cita, gran parte las relaciones sexuales del emperador debieron de practicarse fuera de las horas de sueño o de la cama. No está nada mal, visto así, porque una de las cosas que hacen que el sexo siga siendo una 'asignatura pendiente' es que necesita novedades, cuantas más mejor.

En ocasiones, creo que la realidad es como una baldosa del retrete con un esmalte abstracto en el que se crean diferentes figuras y caras que cambian de un día para otro; el sexo es algo parecido: aparece y desaparece por propia voluntad cada tres o cinco minutos Dicen que una vida satisfactoria en lo sexual ayuda a sentirse mejor, no cabe duda, pero no se sabe a ciencia cierta hasta dónde llega la satisfacción, si realmente existe o hay un pozo sin fondo, si simplemente nos cansamos o renunciamos a explorar nuestra sexualidad. Supongo que dependerá de cada persona, aunque está mal visto decir que no follas, que el interés de tu vida reside en el estudio de los ácaros del arco atlántico y que eso te pone mogollón. Ahora, que tenemos 'porno' a la carta en internet y en la televisión a todas horas 'sex shops' de diseño, 'boys' macizos para despedidas de soltera, 'puticlús' horteras a las afueras de las ciudades, métodos anticonceptivos proporcionados por las instituciones públicas y que disfrutamos de la libertad sexual, me invade la sensación de que sólo es apariencia y seguimos sin saber exactamente qué hacer con todo esto. Y probablemente somos como países erógenos en vías de desarrollo. Nadie se ha puesto de acuerdo sobre dónde está la frontera entre la pornografía y el erotismo, si del erotismo se pasa al 'porno' o es mejor el sexo explícito sin más, aunque los artistas tienen una solución y dicen que todo reside en la mirada. He oído decir a alguna persona, en plan de coña, que mantiene una doble vida sexual, con sigo mismo y con su pareja, y que esto se amplía cuando se establecen relaciones triangulares o de las más variadas formas geométricas amorosas.

Carmen Gómez Ojea ha dicho que el sexo es una elección, una decisión que se toma, algo así como apuntarse a un club deportivo o a un gimnasio. Espero que me permita una broma: la mayoría debe de estar buscando un club del sexo donde poder apuntarse. Cada uno se busca la vida como puede, según sus creencias o escala de valores, su ética o sus perversiones. Las mujeres dicen que los hombres sólo piensan en lo mismo, los hombres viven asustados porque dicen que ellas deciden cuando se hace o no se hace y parece ser que existe la adicción al sexo como a otra droga cualquiera. A mí me educaron con la máxima de que el sexo con amor es lo mejor que te puede pasar y es cierto que existe, miles de testimonios lo aseguran y no cabe duda que es una buena asociación, aunque, por esos años también se decía que el sexo por el sexo es también una forma de amor. Cada uno habrá llegado a sus propias conclusiones según le haya ido el baile; ahora bien, lo que intuyo entre el sexo sin sentido, el sexo sentido o el sexo consentido es el trote de un caballo salvaje que sigue recorriendo las praderas de un lado a otro buscando un riachuelo que le calme la sed.

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