Tras 32 años de reinado, don Juan Carlos y doña Sofía pudieron rememorar junto a los ciudadanos de Ceuta parte de su propia trayectoria, realizando un recorrido por los logros conseguidos por la España democrática. Así lo consignó el Rey al elogiar ante las autoridades locales el 'dinamismo' alcanzado por los ceutíes. Sin embargo, las peculiaridades geográficas, sociales, políticas y económicas de ambas ciudades han podido actuar en todos estos años más como un lastre para su desarrollo paralelo al del resto de regiones españolas que como un incentivo derivado del valor de su multiculturalidad y de su condición de puerta de enlace entre dos continentes. La calurosa recepción ofrecida a los Reyes ayer en Ceuta, que de seguro se repetirá hoy en Melilla, certifica cómo sus ciudadanos se sienten plenamente integrados en el proyecto común de España y están dispuestos a profundizar en el mismo. Por eso, resultan especialmente inconvenientes las declaraciones de algunos dirigentes nacionalistas catalanes, lamentando la amenaza que supone el conflicto diplomático con Marruecos para determinados intereses de su propia comunidad autónoma.
Las particularidades que presentan las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no pueden redundar ni en la dejación institucional ni en la desconsideración hacia ellas, que precisan reforzar su engarce con el resto de España no sólo para aprovechar sus potencialidades económicas y comerciales y reducir las desigualdades sociales, plasmadas en unos índices de paro que duplican la media estatal. También para asentar la convivencia plural, imprescindible en dos plazas que constituyen atractivas áreas de penetración hacia Occidente para la inmigración ilegal y el radicalismo de inspiración 'yihadista'. Por ello, tras el necesario y oportuno gesto de los Reyes, sería deseable que la exaltación de la españolidad de las dos ciudades realizada por algunos líderes políticos no acabara destacando su singularidad en lugar de su pertenencia natural al territorio común de la España constitucional.





