
Según ha podido saber EL COMERCIO, los hechos tuvieron lugar en torno a las tres de la madrugada del lunes 29 de octubre. En ese momento, se encontraban en la casa la hija de los propietarios -quienes estaban de vacaciones fuera de la región- y una amiga suya que se quedó a pasar la noche. Fue en torno a las tres de la mañana cuando comenzó a sonar la alarma que previamente habían activado y oyeron ruidos en el piso de abajo. Los ladrones habían accedido por la puerta principal, que no estaba cerrada con llave.
«El primer instinto de mi hija fue llamarnos, pero poco podíamos hacer; estábamos de vacaciones en Huelva y nos llevamos un susto enorme cuando nos llamaron en medio del ataque de histeria normal en esa situación», explica el dueño del chalé, quien telefoneó «al 112 para dar la alarma de lo que estaba ocurriendo en mi casa, primero nos pusieron en contacto con los servicios de emergencia de Andalucía y luego con los de Asturias».
Mientras, su hija y la amiga permanecían en silencio y con las luces apagadas de la habitación para evitar que los ladrones se percatasen de su presencia. Bloquearon la puerta de la estancia con una silla y esperaron, «con el miedo más grande de sus vidas», a que llegase la Policía. Cuando los agentes se personaron en el lugar, los delincuentes ya habían logrado huir. «No se llevaron nada de valor porque no tenían nada que llevarse», señala el dueño de la casa, ubicada en la urbanización de La Fontana. Lo que sí sustrajeron fueron las llaves de entrada al chalé y los mandos a distancia del portón del garaje. «Hemos tenido que cambiar las cerraduras, pero todo ha quedado en un gran susto», asegura.
«Varias personas»
Aunque no pudieron ver a los ladrones, las dos mujeres que se encontraban en la vivienda aseguran que «se escuchaban pasos de varias personas» y consideran que «todo parece indicar que en un primer momento creyeron que la casa estaba vacía». El hecho de que saltase la alarma no fue motivo para que los ladrones abandonasen la casa de inmediato. «Debieron de ser diez minutos o así, pero les pareció una eternidad», apunta el propietario de la vivienda, un conocido empresario de la ciudad.
Al salir, los delincuentes cerraron la puerta principal por la que habían accedido. Las chicas, atemorizadas por lo ocurrido, no atendieron a los primeros avisos de los agentes de la Policía. «No se atrevían a salir del cuarto; los policías tuvieron que subirse a un tejado para golpear la persiana de la habitación y avisarlas de que saliesen», narra el padre de una de ellas.
Las víctimas prestaron declaración ante el Cuerpo Nacional de Policía e interpusieron la pertinente denuncia. «Los agentes nos notificaron que el robo en nuestra casa no era un hecho aislado y que se habían producido hechos similares en las últimas semanas», afirma el hombre. La urbanización de La Fontana había sufrido un robo de similares características hace varios meses.
El atraco en el chalé de Castiello se produjo apenas una semana antes de que tres atracadores amordazasen y golpeasen al inquilino de una casa en la parroquia de Jove. Al igual que lo ocurrido en 2005, cuando una banda organizada perpetró varios robos en viviendas ocupadas utilizando sustancias narcotizantes, el escenario de los episodios violentos son parroquias de la zona rural colindantes con el casco urbano. «Los delincuentes suelen escoger estos enclaves por las vías de salida que tienen hacia la ciudad», apuntó un portavoz del Cuerpo Nacional de Policía.
En la madrugada del domingo, tres personas accedieron por una ventana a una vivienda del camino de Rubín, en Jove. Iban en busca de un botín que -al igual que sucedió en Castiello- no encontraron. Maniataron al inquilino y le golpearon con un objeto contundente. A su pareja, la trasladaron a un cajero automático de la ciudad para extraer dinero. Iban armados con pistolas y cuchillos y amenazaban a las víctimas constantemente para que acatasen sus órdenes. Tras varias horas de calvario, los asaltantes abandonaron la casa en uno de los coches de la vivienda y se llevaron las llaves del otro vehículo.
El operativo policial puesto en marcha posteriormente permitió encontrar el turismo en una calle de El Cerillero y recabar información sobre la identidad de los atracadores, a pesar de que actuaron encapuchados. Según las primeras hipótesis, al menos dos de los delincuentes tenían acento sudamericano, posiblemente argentino, tal y como aseguró la pareja.
Los últimos robos ocurridos en la zona rural han suscitado el temor entre los vecinos y les ha llevado a extremar las medidas de precaución en sus viviendas a fin de evitar episodios como los ocurridos en Joven y Castiello.





