
Parte de esa asignación se destinará, adelantó Vilabrille, a financiar los estudios geotécnicos y el levantamiento planimétrico del solar, además de las excavaciones arqueológicas que acaba de iniciar la empresa gallega Terra Arqueos, tal y como adelantó EL COMERCIO.
Sin embargo, la partida más importante es la que se reserva para que el Ayuntamiento proceda a lo largo de 2008 a la definición y redacción del proyecto museológico de la clausurada instalación fabril y antiguo convento de las Agustinas Recoletas edificado en su concepción original en 1680.
Junto a los futuros usos culturales del equipamiento, Vilabrille también avanzó que se redactará con cargo al próximo presupuesto municipal el plan de usos arquitectónicos, esto es la rehabilitación que se acometerá en el edificio de la fábrica de tabacos, así como el estudio de la actuación urbanística en la enorme parcela de Cimadevilla. Todos esos trabajos podrían arrancar ya la próxima primavera, una vez que la Fundación Municipal de Cultura reciba la memoria de los sondeos arqueológicos en marcha, que persiguen encontrar nuevos vestigios del pasado romano de Gijón.
Espacio para Chillida
Respecto a los posibles contenidos del museo de Tabacalera, que se consultarán con expertos, tanto la alcaldesa como algunos de los miembros de su equipo de gobierno ya han avanzado algunas ideas. Así parece segura la presencia de un espacio dedicado a Eduardo Chillida y el proceso creativo del 'Elogio del Horizonte'. También tendría cabida la pinacoteca local, actualmente ubicada en el Museo de Gijón-Casa Natal de Jovellanos.
Otro rincón del museo tendría como protagonista la propia historia de la fábrica de tabacos de Cimadevilla y el pasado industrial de Gijón, con parte de la maquinaria que se conserva de aquellos años. A partir de ahí también se ha hablado de que podría ser la sede definitiva de la hemeroteca municipal.
Conjeturas aparte, lo más inminente en estos momentos son los trabajos de prospección arqueológica que se han empezado a desarrollar en un secadero de tabaco que antes de la desamortización de mediados del siglo XIX fue la antigua iglesia del edificio conventual.
Según explicó a EL COMERCIO el soriano Miguel Ángel López, coordinador de campo de las excavaciones, las dos próximas semanas son de «relativo relax». El equipo se dedicará a limpiar con brochas y paletines la piedra original del templo descubierta tras la retirada del entarimado de la fábrica. Esa tarea se hará «despacio y con mucho cuidado», documentando todo el proceso con fotografías y dibujos, que serán claves cuando concluyan los sondeos para que los restauradores del grupo puedan restituir de forma fidedigna el pavimento.
Márgenes de seguridad
Cuando los arqueólogos terminen este trabajo darán comienzo las excavaciones en sí, levantando la piedra y cavando ya en el sedimento arqueológico. La metodología de excavación que con una elevada probabilidad los expertos plantearán en su momento, adelantó López, es la denominada «en área o en extensión». Es lo contrario a los sondeos pequeños y discontinuos. Los arqueólogos habilitarán unos márgenes laterales de seguridad para no afectar a la cimentación de los muros. Este procedimiento permitirá delimitar mejor, indicó el experto, si bajo el antiguo templo existen enterramientos asociados a la comunidad de religiosas que durante siglo y medio moró en el edificio.
Si se encuentran restos humanos serán extraídos por obreros especializados y se trasladarán a la Universidad, para que los analicen antropólogos. Si el hallazgo en cambio son restos arqueológicos, los técnicos del equipo se ocuparán de certificar su relevancia y después los pondrán a disposición de la Fundación Municipal de Cultura para el futuro museo.





