-Si no lo conociera y me topara con usted por la calle, sólo lo vería como una persona de aspecto desaliñado y no como alguien tocada por la divina inspiración de las musas.
-Pues este enorme lamparón que puedes ver sobre mi camisa es fruto de una musa llamada mayonesa.
Como quiera que la chica no pareciera apreciar la sutilidad semántica, Monchu volvió a la carga con esta otra al tiempo que colocaba su boca junto al oído de ella para susurrarle:
-En realidad, cara señorita, es que me conviene pasar totalmente inadvertido porque soy de la poesía secreta.
Serálo muy guapamente, pero, por más que en sus recitales declame no pocos poemas ajenos con gran sentimiento, no es menos cierto que no puede negar la autoría de versos como éstos elegidos al albur:
«Beban otros el champán, / el cava, el vino espumoso, / que para mí el mejor plan / en pos del sabor glorioso / es tomar esa ambrosía / que es la sidra en un culín. / No hay sabor parangonable / entre Asturias y Pekín, / lo mismo sea dicho en bable / que en el chino mandarín».
Si la observación de la anécdota narrada les pareció impertinente, a ver qué opinan de la realizada por su colega Pixín el Rapero después de haber leído la obra de Monchu titulada 'Rimar para morir en la orilla':
-Estos poemas no son tan malos como otros tuyos... ¿Quién te los ha escrito?
La respuesta del aludido dejó las cosas en su sitio:
-¿Y a ti quién te los ha leído?





