Ceuta y Melilla, Alhucemas, Chafarinas y hasta Perejil (ese rocódromo cabrío, donde un día acamparon con ínfulas de 'okupas'' cuatro soldaditos muertos de hambre y donde Federico ('Manda Huevos') Trillo, esta vez sin confundir Honduras con Marruecos, ni alquilar aviones 'trasportín' de cartón-piedra con pilotos 'vodzkosos' para las tropas, demostró la bravura del soldadito español y, por ende, de la patria toda) no son más que un residual de un imperio y de un colonialismo de la España rotunda que tiene apenas medio milenio de existencia.
Anda el argumentario ideológico patrio reciclando los libros de historia del PREU para recordar que Marruecos es un invento francés del siglo XIX y que mucho antes sus católicas majestades, por la vía de la conquista, el casorio o la bragueta, ya habían puesto pendón en tierras de infieles después de expulsar (¿qué pena de cultura!) a tanto morisco de 'Graná' y de repoblar el solar patrio con teutones y otros liendrosos muertos de hambre, del hambre del siglo XV, que se parece enormemente al hambre del siglo XXI (como se parecen todas las hambres del mundo), más allá de las eslingas y de la Guardia Civil de fronteras.
Ítem más, dicen, no pueden dejar de ser españolas las posesiones coloniales, plazas militares avanzadas del gendarme europeo, porque su población, que ha crecido a la sombra de las capitanías y de los 'cuartelazos' (la memoria histórica, la jodida es lo que tiene, que uno recuerda que fue julio y 17 y 18 y corría el año 36) de la legión famélica de bandidos y quinquis de toda ralea, que hacen moquear a más de uno con su cabra, y de los regulares (cuyo nombra ya indica cosas), porque su población, repito, se ha enfervorizado estos días de espíritu español, y no debe ser abandonada a su suerte, y no quiere ni oír hablar de la desocupación, pues vive de la miseria del incómodo vecino de su patio trasero.
Porque este argumento de sentirse español por parte de la población autóctona de ambas ciudades autónomas en este país no se utiliza cuando es de Gibraltar de quien se habla, pues los gibraltareños se sienten más 'british' que el té de las cinco, que, por cierto, era de Ceilán.
Ni Mohamed, ni su padre, ni toda su estirpe me hacen ninguna gracia, pero con Marruecos, tonterías, las justas, que son dueños de su pesquería que en algún tiempo creímos nuestra y que producen ingentes cantidades de manufacturados a precio de esclavo para las industrias españolas, tan deslocalizadas y globalizadas que no han dudado en plantar fábrica en Tetúan o en Marrakesh, que es, además, el contenedor temporal de la avalancha del fundamentalismo que avanza con los pasos del hambre y que nos exporta -por la vía de la vista gorda- ingentes cantidades de esclavos que hacen nuestras casas, recogen nuestras aceitunas y limpian el culo de nuestros ancianos a precio de puta de la calle Montera, y que, dicho sea de paso, algunas también son de Tánger o Larache.
Así que, ya lo ves, Ceuta y Melilla (algo así como Mieres y Langreo juntos) son un resto del imperio que habrá que pensar algún día con serenidad a replantearse.





